Pasen, toquen y beban

La industria española del directo compite con pocos medios y mucho encanto con los grandes mercados de la música en vivo. A pesar de las lastimosas condiciones económicas que ofrece nuestro país, el público y el clima siguen seduciendo a los artistas internacionales

por Xavier Orri

Un ejercicio de personificación del mercado español de la música en vivo daría como resultado un hermoso joven que bordea los treinta años, con barba de tres días, sin estudios superiores, de escasos recursos económicos y con un especial encanto para seducir a las mujeres. Algo así es España sobre los escenarios: ruinosa y seductora, arreglada pero informal. Chris Ortiz, director de Riff Producciones, ilustra este encanto del directo español con una anécdota con el expinkfloyd Roger Waters: “Siempre me repite que se muere de ganas de venir a tocar a España porque el público se entrega, hacemos ruido, tenemos energía y hace un tiempo maravilloso. ¿Cómo no van a venir?”. Este es el cariz fascinante y atractivo de la industria del directo español. El hechizo de un país hecho a medida para la música en vivo, que luce sus mejores galas en los festivales de verano y en las giras de los grandes artistas que cada año se pasean por las capitales musicales de nuestro país. España es referente. Tiene marca y estilo. Tiene sol. Cerveza fría y bien tirada. Tiene nombres que la proyectan en el terreno artístico, industrial y festivalero. “España es un destino de referencia para las grandes giras y a nivel de clubes”, nos concedía hace dos años el periodista británico James Drury en la revista Audience, referencia en el mundo del directo, en un reportaje dedicado al mercado español. Un mercado que, en la última década, con la salvedad de los tres últimos cursos, se ha posicionado bien en la escena internacional, profesionalizándose hasta cotas inimaginables en los desastrosos ochenta. Esta es la cara feliz y festiva del joven seductor.

La otra cara, pelín más oscura, habla en cifras. En números rojos, concretamente, desde que estalló la crisis. 2010 volvió a registrar, por tercer año consecutivo, un descenso en el número de conciertos del 2,6%. También el número de espectadores cayó por encima del 5%. La excepción, más que honrosa, fue en el terreno de la recaudación, que creció otro 5% aupada, según las cifras y el análisis del anuario de la SGAE, por la celebración del macrofestival Rock in Rio en Madrid. De hecho, excluyendo los festivales mastodónticos, la recaudación hubiera caído un 2,4%. En el terreno internacional, las comparaciones numéricas tampoco son tan optimistas como la reputación que tenemos al cruzar nuestras fronteras. Sin ir más lejos, el precio medio por entrada en España sigue por debajo, bastante por debajo, del de nuestros más directos competidores. El precio medio europeo de las entradas a conciertos cotizó en 2010 en los 48,3 euros, mientras aquí las seguíamos comprando por 42. Una diferencia por encima del 13% que refleja la menor disposición a pagar del público español en comparación con, por ejemplo, el irlandés (50 euros) o el italiano (52,5), por citar dos países con parecidos indicadores socioeconómicos. También en el gasto medio por persona sigue el público local muy por detrás. Cada español gasta de media 4,22 euros al año en conciertos. En Estados Unidos, que a pesar de las dramáticas caídas en ventas desde el inicio de la crisis sigue liderando esta estadística, la cifra es de 14,02 euros anuales. La traslación de las cifras en conclusiones la sirve Íñigo Argomaniz, director de Get In y presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM) de 2007 a 2008: “España ha crecido una barbaridad, pero sigue siendo un mercado menor en la comparativa internacional. El reflejo más evidente es que los artistas que están en crecimiento no consideran que España sea lugar de paso necesario para cimentar sus carreras”. Esta posición de media tabla tiene ejemplos obvios que lo ilustran: una banda como The Decemberists, paradigma de la clase media internacional de la que habla Argomaniz, obvió a España en su tour mundial del año pasado. Subiendo un peldaño, la gira europea de Placebo de hace apenas dos años dio para diez conciertos en Alemania, trece en Francia, doce en el Reino Unido y cinco en Italia. ¿En España? Dos, al nivel de Polonia. Y volviendo a Roger Waters, en 2011 ha llenado nueve estadios Monumental en Buenos Aires, a 40.000 personas por concierto, mientras que España solo le dio para dos noches en el Sant Jordi y otras dos en el Palacio de Deportes en Madrid.

Young & beautiful

¿Los motivos? Desde el punto de vista estructural, como industria, el directo español tiene algunas rémoras que explican la actual situación. Para empezar, que empezamos más tarde. Unos veinte o treinta años más tarde que las economías occidentales que, a finales de los setenta, especialmente en los países anglosajones, ya tenían una industria educada en el arte de hacer conciertos. No hay que olvidar que los Stones no llegaron a España hasta 1976. En relación a esta tardanza, también la formación de los profesionales va con retraso. Mientras que Inglaterra cuenta con prestigiosos centros educativos dedicados al sector, caso de la School of Music de Liverpool, y que las escuelas de negocios de toda Europa Occidental cuentan con MBA dedicados exclusivamente al negocio de la música, en España el movimiento académico es todavía incipiente. Ventura Barba, director del postgrado de industrias de la música del IDEC de Barcelona y director de operaciones de Advanced Music, observa sin embargo un cambio de tendencia y una intelectualización cada vez mayor en las nuevas hordas de profesionales que se incorporan a la industria. “Nos estamos poniendo poco a poco al nivel, va subiendo gente más formada que la primera generación, que no tuvo oportunidad de estudiar esta industria desde un punto de vista académico y tuvo que aprender por experiencia. Los que venimos ahora somos licenciados que optamos al sector por pasión y somos igual de profesionales que el director de marketing de Danone. Finalmente, es igual de milagroso que alguien compre una entrada para el Primavera que un yogur de Danone”. Directamente vinculada a esta carencia académica y profesional se alinea otra diferencia con los mercados dominantes: las estructuras empresariales. El tamaño de la mayoría de las promotoras españolas no alcanza ni de lejos la dimensión de sus homólogas británicas, alemanas o francesas (por no mencionar Estados Unidos) y ciertas figuras indispensables fuera de nuestro país, caso del brand manager dedicado exclusivamente a conseguir sponsors para conciertos, son rara avis entre las promotoras punteras españolas. A nivel de grupos y artistas, tres cuartos de lo mismo. “Cualquier grupo inglés o americano tiene un mánager que se dedica a tratar con la discográfica, firmar el sello, buscar patrocinios,… y luego un agente que busca los conciertos. En España todo queda en la figura del mánager, que no está especializado en buscar conciertos, y es distinto”, explica Barnaby Harrod, director de Mercury Wheels.

Además de la bisoñez, otro motivo que explica la situación del mercado español es la extraña presencia de las administraciones públicas como competidoras en el mercado de la música en vivo. Como cuenta con recurrencia el actual presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM), Pascual Egea, “la principal diferencia de España con el extranjero es que fuera tienen mercados reales que responden a lógicas de mercado. En España hemos tenido hasta hace poco un mercado ficticio en el que las instituciones públicas regalaban conciertos”. Volviendo a los Stones, hace solo un lustro sus satánicas majestades se dejaron seducir por el dinero municipal para incluir a El Ejido en su gira europea The Big Band Tour, al ladito de París, Viena, Milán o Barcelona. La analogía es burda, pero ilustrativa: si los ayuntamientos financiaran la compra de Mercedes a los ciudadanos, difícilmente SEAT hubiera hecho fortuna. Aquel episodio en El Ejido fue la culminación de un mecenazgo municipal que ha lastrado la promoción privada de conciertos durante tres décadas. Michel Vega, responsable de los artistas latinos de la agencia estadounidense William Morris, era uno de los beneficiados por este panem et circenses municipal. “Yo no conozco ningún mercado alimentado por los gobiernos municipales como España, aunque está cambiando. Contábamos mucho con eso para llevar a grupos internacionales”, lamenta Vega. Pero la fiesta ha terminado y España, especialmente sus grupos y sus promotores, siguen de resaca pagando la principal consecuencia: una asunción generalizada de que la música en directo debe ser gratis o, como mucho, barata. Cual derecho constitucional. No es el único terreno en el que este tipo de presunciones existe en España: también el fútbol vive esta excepcionalidad en nuestro país, el único en Europa donde, por ley, se exige la gratuidad de un partido en abierto a la semana. Reflexionaba sobre esta particularidad Daniel Molina, international booking agent de Planet Events y autor del estudio “Live music and the new music industry: The case of Spain”, apuntando a más factores que la promoción pública de conciertos o el ibérico sentido pícaro. “También hemos abusado como industria de los mercados secundarios para vender entradas más baratas, sorteándolas, regalándolas al fin, y el público ha interiorizado que el producto, la música en directo, no tiene coste”.

Más allá de esta condición que solo el tiempo (y la falta de dinero público) revocará, la industria del directo española tiene otras singularidades estructurales que la convierten en un mercado particularmente difícil para sus actores. Para empezar, un trato legislativo que no considera cultura a la música popular. La prometida renovación de la ley de mecenazgo, solicitada desde el sector como herramienta clave para la captación de patrocinios y prometida por el ejecutivo Zapatero en 2010, no ha llegado a ver la luz. Y, por supuesto, el canon de la SGAE, que todavía está fijado en el 10% de la recaudación del concierto: el más alto de Europa, solo a la altura de Italia y Eslovenia. “Es otro de nuestros grandes handicaps”, reconoce Harrod, “una gran desventaja cuando se trata de hacer ofertas a grupos extranjeros para que vengan a tocar aquí”.

Night clubbing

Otro factor, tal vez más prosaico pero al fin y al cabo relevante y, sobre todo, muy difícil de alterar, es la cultura festiva que se ha impuesto en España y en la que el concierto como opción de ocio no ha conseguido entrar con fuerza. Christophe Quemin, mánager del grupo francés Nouvelle Vague, considera que la cultura de discoteca que impera en España explica en buena medida el estado de la industria española del directo. “La gente está dispuesta a gastarse 20 euros cada fin de semana para ir a ver a un dj, pero no para ir a un concierto. Hay que revertir este hábito porque tiene varias implicaciones muy negativas: para empezar, que los conciertos en España los tienes que poner a las nueve o diez de la noche para no competir con el horario de discoteca, y la gente no contempla esa hora como un momento festivo”. En otras palabras, el concierto va a la hora de la cena y en España con la comida no se juega. La segunda consecuencia, abunda Quemin, es el empobrecimiento del panorama de salas de conciertos, especialmente en los mercados secundarios del país, escondidos tras la hegemonía de Madrid y Barcelona. “Los propietarios de las salas te reconocen que no tienen interés en convertirse en sala de directo porque poniendo tecno llenan el local, mientras que con un concierto siempre se arriesgan a que esté medio vacío”, cuenta Quemin. ¿Resultado? El mejor panorama de discotecas de Europa, pero unas carencias irremediables para la cantera musical. “Es un modelo cultural como cualquier otro”, sigue Pascual Egea, “pero no es el mejor para la música en vivo. El mejor es el modelo inglés, donde vas a ver a los Foo Fighters y está la familia entera, del nieto al abuelo”. Chris Ortiz, crecido en Estados Unidos, reconoce grandes diferencias en este terreno. “En el mundo anglosajón, el público está dispuesto a pagar diez euros por ver un concierto de un grupo al que no conoce, solo por curiosidad. Aquí el público de concierto va a ver a su artista, si no, no va”. La pescadilla que se muerde la cola: no hay salas porque no hay público y no hay nuevos grupos porque no hay salas de tamaño medio donde tocar.

Lo que sí hay es un camino posible para revertir esta situación: cuestión de cuidar el producto y de acostumbrar al público a la alternativa de ocio “concierto”. El hábito se genera con apuesta privada y colaboración institucional, razona Ortiz, que ilustra la fórmula con el caso de Castilla y León. “En Valladolid, por ejemplo, tienes una asistencia per cápita a conciertos más alta que la media porque los promotores de la zona han apostado y la administración les ha ayudado a reducir sus riesgos. Con el tiempo se ha generado una cultura de concierto. Cuantos más conciertos hagamos más cultura de concierto generaremos”. Quemin, al frente de la agencia GYAT con sede en Barcelona, también es un firme defensor de este modelo para ir, paso a paso, de fin de semana en otro, cambiando el modelo de clubbing como opción de ocio nocturno hegemónica. Con Nouvelle Vague, su grupo de cabecera, está empeñado en ver la luz más allá de las capitalinas Madrid y Barcelona. “Actualmente hacemos cuatro o cinco conciertos al año en España y unos 15 en Portugal con el grupo. No tiene sentido, sobre todo porque tenemos muchos más fans en España. ¿Qué ocurre? Que allí la gente va a conciertos por costumbre, en las ciudades pequeñas y en las grandes. Aquí, los promotores de ciudades secundarias tienen miedo de contratarnos”. Ciudades como Granada, Coruña y la propia Valladolid, todavía tiemblan con grupos internacionales de nivel medio. “Como agencia, y a través de un grupo como Nouvelle Vague, lo que queremos ahora es generar un routing eficaz y realizable que nos lleve por estas ciudades. Es el único modo de que podamos crecer, pero para la primera gira estamos obligados a rebajar nuestro caché alrededor del 50%, haciéndolo a medida del contexto de cada sala”. Su ambición es abrir la veda y, a partir de ahí, llevar a sus demás grupos por la senda iniciada. “No sé si funcionará”, asume Quemin, “pero hay que intentar generar este movimiento, no puede ser que sigamos haciendo más conciertos en Portugal que en España”.

La tarea es tan exigente como necesaria. Para Xavi Manresa, director de Cap-Cap Produccions, resolver el páramo que se esconde tras Madrid y Barcelona tiene que pasar también por un cambio de mentalidad global frente a la música. “Si queremos que surjan buenas bandas y una industria que funcione, lo primero que necesitaremos, además de impulso privado, es algo de colaboración pública en infraestructuras. Con que hubiera una sala digna de entre 500 y 2.000 personas de aforo en cada capital de provincia este país daría un salto bestial a nivel musical. Ojalá con la crisis nos demos cuenta de que es mejor enseñar a pescar que dar el pescado servido. Invirtamos en infraestructuras, ayudemos a formar técnicos de sonido, pongamos al frente de las salas a alguien que sepa de qué va el negocio. Con este punto de partida crearemos un circuito real más allá de Madrid y Barcelona”. Ejemplos de este modelo los hay en todo el mundo: las ciudades francesas y alemanas de tamaño medio en adelante cuentan con salas para jóvenes destinadas a que los grupos toquen y Estados Unidos tiene un circuito universitario donde las bandas se foguean. “El resultado es que coges una banda americana de chicos de 20 años y lleva 300 conciertos, mientras que una española lleva 30. Si quieres buenos futbolistas y gente que vaya al fútbol, vas a necesitar buenos estadios, ¿no? Pues por algún motivo, en España, esto no se entiende en relación a la música”, cierra Manresa.

Lejanía internacional

Las carencias del mercado secundario agudizan, por otro lado, uno de los handicaps principales de la industria del directo español: el geográfico. La península no es un lugar de paso evidente. De nuevo, habla Manresa: “Cuando un grupo tiene previstos 30 días para una gira europea, si puede hacer 31 conciertos mejor que 29, por lo que procurará no perder días de viaje. Tal como se planean las giras, los artistas tienen que bajar desde París expresamente hasta España. Es decir, un día perdido para venir y luego otro perdido para llegar a Italia. Y este es el coste para, finalmente, dar un concierto en Madrid, otro en Barcelona y con suerte un tercero en Bilbao o Donosti”. En otras palabras, si el viaje pudiera rentabilizarse con cuatro o cinco fechas más en capitales de provincia, posiblemente menguaría el problema de la distancia. “Pero construir este mercado secundario es muy difícil porque, además de que faltan salas, España es musicalmente muy poliforme”, reflexiona Argomaniz, “en cada territorio gustan estilos muy distintos porque no hay esa base de rock que tienen en Inglaterra o en Estados Unidos. España, de hecho, no es un país muy rockero”, cierra el director de Get In.

A la lejanía estrictamente geográfica, España suma un segundo handicap existencial: el económico. Más allá del esfuerzo físico que supone el millar de kilómetros que nos separa de la civilización europea, que en el terreno musical empieza en la capital francesa, el desaliento económico es notable para los grupos que quieren acercarse. La explicación tiene dos patas. La derecha es el precio de entrada y la diferencia de cachés entre Europa y Estados Unidos con respecto a España. Manresa, que desde su promotora ha trabajado tradicionalmente con grupos independientes de clase media, es muy consciente de esta limitación: “Cuando hablamos de U2 o de grandes grupos, los cachés se conservan y en esa élite estamos por lo general a nivel europeo, no hay problema, tenemos una buena primera clase musical, el problema está en los grupos que en Europa giran a 8.000 o 9.000 euros por concierto mientras que aquí les puedes ofrecer entre 5.000 y 6.000”. Tampoco en este terreno hay más estadística que la experiencia de los promotores, que cuantifican las diferencias con la Europa Occidental alrededor del 30%. Para muestra, Chris Ortiz trajo en julio de 2010 a Mark Knopfler. “Nos costó vender las entradas a 55 euros cuando en Inglaterra la misma gira se estaba pagando a 80 libras y en Estados Unidos a 120 dólares. Piensas que, con un precio más bajo, meterás más gente, que es como muchas veces hemos asegurado el gross, pero ahora con la crisis ni eso, así que el concierto hay que enfocarlo para el fan, que es al que le da igual si el concierto vale más o menos”. En cuanto a la pata izquierda de esta dificultad económica, los tintes son discográficos: en España no hay Dios que venda un disco, salvo artistas patrios con más de 20 años de carrera (en 2010 el disco más vendido fue un reminiscente Sergio Dalma). Las bandas extranjeras camino del estrellato, perfiles tan altos como Franz Ferdinand sin ir más lejos, no tienen ninguna esperanza. Con la tasa más alta del mundo en descargas ilegales, un 45%, que dobla la media de la Unión Europea, las ventas siguieron desplomándose un 22% en 2010 (frente al 11% de Inglaterra o al 10% en Estados Unidos) y otro 13,7% en 2011, aumentando la brecha con los mercados musicales de referencia. “La situación discográfica afecta mucho a la música en directo”, razona Barnaby Harrod. “Uno de los factores principales que valora un grupo para escoger los destinos de su gira son las ventas de discos que generará pasando por el país. Si en Alemania vende 30.000 discos y en España 300, ¿qué crees que hará el grupo?”. 

Llegados a este melodramático punto, ¿cómo consiguen los promotores españoles, a pesar de todos sus pesares, que muchos grupos sigan incluyendo, con más o menos fortuna, a España en su circuitos musicales? Analizado el mercado en relación a la competencia internacional, ¿qué hace a la industria del directo española merecedora de los elogios que recibe desde todos los rincones? ¿Por qué la Canadian Music Week se ha molestado en escoger a España como mercado invitado en la edición de 2012? ¿Cómo hemos conseguido duplicar el número de conciertos y la recaudación en solo una década? En fin, ¿cómo unos cimientos tan ligeros sostienen este mercado?

Intangibles soleados

“Yo estoy bastante convencido de que la industria española de la música en directo es muy competitiva gracias al buen tiempo del que disfrutáis”. Quien habla desde la gélida ciudad de Toronto es Neill Dixon, presidente de la Canadian Music Week, el encuentro de la industria de la música en vivo más veterano de Norteamérica, por delante del referente South by Southwest (SXSW) de Austin. La tesis, aunque incompleta y de apariencia simplista, es compartida por todos. No hay promotor, artista, mánager o técnico de luces que no reconozca en las virtudes (medio)ambientales de España uno de los factores que explican su alta cotización en el mercado del directo. “No negaremos que es un argumento de venta, como también lo es el público, muy agradecido con los grupos”, reconoce Pascual Egea. Le sigue el inglés Barnaby Harrod: “Yo toqué muchos años por España y es el país donde los grupos más disfrutan. Es un tópico intangible, pero es absolutamente cierto. Fleet Foxes salieron del concierto del último Primavera completamente alucinados del ambiente que encontraron. No lo habían vivido jamás. No se trata solo de la fiesta, son las vibraciones que siente el artista sobre el escenario. España es un lugar muy especial para tocar”. Chris Ortiz también observa este carácter diferencial en los espacios con los que cuenta España: “El clima aporta mucho, es verdad, pero también los lugares donde hacemos conciertos. ¿Qué guiri no adora tocar en una plaza de toros, que además es un espacio con una acústica increíble? Hacer un concierto en Las Ventas es una preciosidad. En los mercados más desarrollados, especialmente en el mundo anglosajón, los recintos no tienen personalidad, son más fríos y menos seductores para el artista”.

Por reputación y encanto, muchas bandas desdeñan los inconvenientes de acercarse a tocar a España. “Los grupos van viniendo”, recupera Manresa, “pero está claro que para llenar salas el camino es lento, si no son Bono, tienen que ir paso a paso”. Por norma general, el patrón de los grupos que vienen a tocar a España sin ser superestrellas, algo así como la inmensa mayoría, ha hecho carreras de fondo. Carlos Asmarats, director de Encore Music, tiene unos cuantos casos en su agenda de artistas llegados cuando no eran nadie y que han ido creciendo en nuestro mercado a base de conciertos pequeños. “Yo traje a Ben Harper por primera vez y actuó delante de 15 personas en Madrid, Rammstein empezó con 300 en Barcelona, Jack Johnson vino en 2001 cuando aquí no lo conocía nadie con la entrada a mil pesetas… España exige carreras largas, pero luego el público es muy fiel con los que se lo trabajan”. La segunda vía de llegada son los festivales. Como luego ampliaría Dixon en su sesgada cita dos párrafos atrás, “los festivales son otro gran valor de la industria española, el nivel es inmenso”. Ventura Barba, desde su atalaya barcelonesa del Sónar, cree que el formato, de éxito indiscutible en España, es muy seductor para los grupos extranjeros. “Para traer bandas competimos con toda Europa, de modo que hay que ofrecer algo distinto y lo tenemos: hemos conseguido tener festivales en los que tocar supone para muchos un salto adelante en su carrera. Tenemos festivales de altísimo nivel musical y con una asistencia muy alta, lo que nos pone en primera línea mundial”. Harrod le acompaña en la tesis: “A nivel festivales, España es el segundo mercado de Europa tras Inglaterra. Un Sónar son palabras mayores, el Primavera, según el director del Coachella, es su equivalente europeo. ¡Somos muy buenos en esto!”, se felicita el promotor inglés afincado en Madrid.

Desde la semilla que supuso el Doctor Music Festival de Neo Sala en 1996, una extensa lista de encuentros se ha impuesto hegemónicamente a nivel nacional e internacional. Desde propuestas tan grandilocuentes como el FIB de Benicàssim o el Rock in Rio madrileño, la escena barcelonesa capitaneada por el Sónar y el Primavera, la riqueza vasca encabezada por el Azkena y algunas sorpresas notables como el SOS 4.8 murciano y las propuestas de género como Jazzaldia, los festivales bien trazados funcionan de maravilla en nuestro mercado. Las cifras sostienen esta impresión: en 2010 el 18% de los ingresos del directo llegaron a través de los festivales, mientras que a nivel de asistencia no supusieron ni siquiera el 5% del total. El aplauso es generalizado, tanto como la estupefacción ante un panorama extraño: ¿cómo tenemos el mejor elenco de festivales de Europa mientras los conciertos siguen palideciendo? Son, directamente, productos de ocio distintos. De acuerdo a las opiniones de los implicados en el sector, el festival ha crecido con la música de fondo. La experiencia social ha primado por encima de la musical. “Los festivales funcionan entre comillas independientemente de la música”, dice Ortiz. “Lo que cuenta es la experiencia. Para mí los festivales son como cuando de chico te ibas al pueblo o de colonias con los amigos”. Barba refina la tesis: “Los festivales tienen otros valores más experienciales de comunidad, de hedonismo, de conocimiento, más que cuando vas a un concierto. Se le une vivencia a la música”. El festival, como formato, a diferencia del concierto, se ha convertido en una opción de ocio recurrente, un entretenimiento asociado a la música, que ha crecido en buena medida aupado por el público extranjero. Como reseña el European Festival Report de 2010, España es con diferencia el primer destino de los UK festival-goers, seguido de Alemania y de Europa del Este, donde se avecina una fuerte competencia en los años por venir. “El buen nombre turístico es sin duda uno de nuestros grandes activos y parte de la explicación en la diferencia entre la asistencia a festivales y a conciertos”, razona Barba.

Amanece que no es poco

Con sus lamentos estructurales y coyunturales, la industria del directo español alcanza poco a poco su entrada en la edad adulta, con promotores empeñados en competir con los mercados dominantes. Los mimbres existen y los problemas tienen solución. El futuro es cada vez más nítido. “Si sabemos sacar partido de los recursos que nos ofrece nuestro entorno y que nos diferencian de los demás, la crisis quedará como un pie de página en la historia de nuestra industria y seremos un sólido referente de este negocio”, cierra Egea.

seguir a la segunda parte

Madrid, Austin, Tokio

viene de la primera parte

Conquistada América Latina con más o menos fortuna y con un mercado español en caída libre, las bandas nacionales se lanzan a los mercados por explorar, con Estados Unidos como reto mayúsculo y el Este como aventura exótica

por Xavier Orri

De puertas para adentro el escenario sobrevive. La otra cara de la moneda es el camino a recorrer de puertas para afuera: la exportación del artista español. Desde el punto de vista estadístico, este terreno sigue virgen de indicadores objetivos. No tenemos un diferencial de deuda con el bono alemán o un mundial de fútbol que fije nuestra posición en la tabla. Lo único que tenemos son experiencias y sensaciones de los promotores y artistas que han cruzado nuestras fronteras. Rosa Lagarrigue, directora de RLM, es una de las que más empeño ha puesto en esta tarea. Su análisis es dicotómico: cuando se trata de Europa y del mundo anglosajón, “la presencia de artistas españoles es puramente anecdótica”. Si hablamos de América Latina, España ha hecho un gran trabajo. No hay artista de media tabla para arriba que no gire ocasionalmente por México, Argentina y Chile, en este orden de prioridad, sin excluir otros mercados interesantes como Venezuela, Brasil, en menor medida por la fuerza de la música local, o Colombia. Una primera generación con nombres como Raphael, Camilo Sesto, Lola Flores o Julio Iglesias abrió el camino que siguieron en los ochenta grupos como Mecano o Héroes del Silencio. Desde entonces, América Latina no ha dejado de ganar peso como mercado para los artistas españoles. “Pero, más allá de estos mitos, el paradigma en este sentido es Alejandro”, cuenta Lagarrigue en referencia a Alejandro Sanz. El músico madrileño se lanzó a finales de los noventa, aupado al álbum Más, en el que se incluía su legendario “Corazón Partío”, en una gira americana sin precedentes, por ambiciosa, en la que superó la cifra de 80 conciertos, abriendo definitivamente la veda para los que hoy están desarrollando parte de sus carreras en América Latina, artistas como el rapero Porta, Mala Rodríguez o los catalanes de Jarabe de Palo. “Hay camino recorrido, pero que nadie entienda que América Latina es un mercado fácil”, advierte Lagarrigue, “hay que ir país por país, con inversiones fuertes a nivel de tiempo y de dinero para la promoción”.

Go West

Ahora bien, si América Latina es un mercado difícil, Europa y muy especialmente Estados Unidos pueden considerarse un calvario. “Pero son mercados más necesarios que nunca porque ha caído la demanda local y hay que ir a vender entradas donde haga falta”, tercia Íñigo Argomaniz, director de Get In. Para muestra, el promotor donostiarra desliza un dato significativo: 2011 ha sido el año de debut en Estados Unidos de dos artistas con más de 25 años de carrera a sus espaldas como Sabina y Calamaro. Pero más allá de estos grandes nombres, parece que la crisis ha espabilado al artista medio en la búsqueda de nuevos horizontes. Las dificultades económicas y las facilidades tecnológicas y de comunicación están abriendo una puerta a un mercado gigantesco y por explotar. “Hasta la fecha, al artista español le ha dado mucha pereza saltar a mercados tan exigentes como Estados Unidos o el norte de Europa, no digamos Inglaterra. A poco que se acomodaban en España les bastaba porque el mercado daba para todos, hemos sido muy conformistas”, reflexiona el director de Fix Music y presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM), Pascual Egea, “pero la mentalidad está cambiando poco a poco gracias a artistas que dieron el paso”. Y aunque excepciones siempre hubo, caso de Duncan Dhu, que programó más de 20 conciertos en Estados Unidos allá por 1991, Egea también pone como ejemplo a Alejandro Sanz para ilustrar el cambio de mentalidad con respecto al mercado anglófono: “Lo tenía todo hecho en España y en América Latina, era un ídolo, pero se fue a Estados Unidos a recorrer garitos con paciencia y finalmente le ha dado resultado”. Le da la razón Michel Vega, de la agencia americana William Morris, refiriéndose al último hito del artista madrileño: “En su última gira hizo más de quince conciertos en Estados Unidos y tocó en la sede de la orquesta sinfónica nacional de Estados Unidos en Washington. Eso es algo que casi ningún latino ha hecho, diría que ningún español”. A partir de este primer paso, gestado ya en pleno siglo XXI, le está siguiendo una nueva generación de músicos post-OT menos acobardada por la distancia geográfica e idiomática de los mercados internacionales. Nombres tan heterogéneos como Delorean, El Guincho, Russian Red o Antonio Orozco han empezado a enfocar sus carreras desde un prisma mucho más amplio. El cantautor barcelonés ha sido en 2011 el telonero de Juanes durante la gira norteamericana del músico colombiano, sumando a su currículum 17 conciertos en suelo estadounidense. En el caso de Lourdes Hernández, álter ego de Russian Red, su apuesta americana le llevó a estrenar el directo de su último disco en el South by Southwest de Austin. La mezcolanza trópico-electrónica de El Guincho le ha llevado a producir parte del último disco de la islandesa Björk tras varios años destacando en el mercado anglosajón, con aplausos encendidos desde el referente portal de música independiente Pitchfork. Un caso parecido fue el de la banda guipuzcoana Delorean, que a finales de 2010 agotó elogios en la prensa internacional sin que España conociera prácticamente su sonido electrónico. Keina García, fundadora de Artica y mánager del grupo vasco desde finales de 2005, apunta a un cambio de mentalidad para explicar este asalto a los mercados tradicionalmente vetados. “Tengo la sensación de que la nueva generación de promotores y mánagers, por una cuestión de edad y de momento, sentimos más la necesidad de atacar estos mercados. Es cuestión de ir sin prejuicios ni complejos. ¿Acaso no somos igual de válidos que los americanos, los ingleses o los suecos? La música es un producto que no tiene más barreras que las que tú te pongas”, reivindica García. Desde esta premisa intelectual y con las facilidades de comunicación nacidas en la última década –“a Internet le debemos buena parte de la explicación”, asume García–, su grupo de cabecera, Delorean, suma ya siete giras en Estados Unidos desde que telonearan a Miike Snow en 2010 y Pitchfork subiera el álbum Subiza al pedestal de su lista de los mejores 50 discos del año. A partir de ahí, el cuarteto se ha dejado ver en directo en China, Japón, Australia, México, Holanda, Alemania, Inglaterra, Turquía y Suecia. “El crecimiento ha sido enorme, incluso inesperado”, reconoce García, “pero hay un trabajo y una inversión detrás muy, muy grande”. ¿Hay fórmula? ¿Hay receta para hacer las Américas? “En el modelo americano una norma básica es que jamás entras solo: hay que empezar de telonero”, explica la directora de Artica. Más allá, se recomienda persistencia y dinero. En el caso de Delorean, la primera gira como teloneros y la segunda por su cuenta, en la que dieron 28 conciertos en 31 días de carretera por Estados Unidos, todo fue a fondo perdido, estricta inversión. Michel Vega, gato viejo en el mercado americano, coincide en la necesidad de persistir. “Muy pocos artistas españoles han entendido lo enorme que es Estados Unidos. No puedes pretender conquistar el mercado con siete fechas en quince días”. Tampoco vale contentarse con las tres ciudades habituales, Nueva York, Los Ángeles y Miami. “Una buena estrategia de entrada pasa por estos mercados naturales, pero solo como punto de partida. Cuando estés en Nueva York, búscate un concierto en Boston y otro en Washington; si estás en Los Ángeles, hazte varias ciudades de California. Es el único modo de crecer”. Una segunda exigencia del mercado americano es tener equipo local. Estructuralmente, el mercado estadounidense de la música en vivo exige que cualquier grupo con pretensiones cuente con una persona dedicada al booking, un mánager, un responsable de prensa, etc., mientras que en España, y en Europa en general, las funciones suelen concentrarse en una única figura. “Nosotros hacemos el booking de conciertos en todos los países en los que trabajamos, con la única excepción de Estados Unidos”, cuenta Keina García. Y es que, tras una primera incursión a ciegas en la que aprendieron este abecé, Artica fichó para Delorean a la agencia The Windish, a un responsable de prensa y al sello local FullHouse, pequeño pero especializado en recursos web, que les dio el primer espaldarazo. De ahí a Pitchfork y de Pitchfork al cielo.

Otro requisito a tener en cuenta, por prosaico que parezca, es el inglés. Como recomendaba en una conferencia en el Primavera Pro 2011 el director creativo del South by Southwest (SXSW), Brent Grulke, “que nadie intente meterse en el mercado sin saber hablar inglés”. Más allá de esta condición necesaria, aunque no suficiente, Grulke también señalaba la necesidad de haber tenido éxito en el mercado local del grupo, de estar bregado sobre el escenario. “A partir de aquí, hay que contar aproximadamente con una inversión de lo que suponen 12 a 18 meses de gastos en Estados Unidos y plantearlo como una estrategia a largo plazo”, receta Grulke antes de enfatizar en la necesidad de contar con un agente local. “¿Y los festivales son buena puerta de entrada?”, le preguntaron durante la conferencia. “Desde luego, es la mejor vía de entrada, pero cuidado, ve a un festival, aprende cómo funciona y vuelve al año siguiente habiendo hecho el trabajo previo, sabiendo a quién tienes que invitar a tu showcase”. Le acompañaba en la tesis Brian Hetherman, de la Canadian Music Week: “Maximiza tu exposición y con suerte tendrás un mánager o un sello que te vea”. Y focaliza tu objetivo, añadía Carey Curtin, de Bedlam Music Management: “Entérate bien de quién es tu target y ve a por él. No dispares correos electrónicos a todo el mundo. Que nadie vuelva a hacer un mailing masivo. ¡No hay nada más inútil!”.

Sounds from Spain

Y si el do it yourself hasta aquí propuesto no es suficiente, también hay la alternativa de salir a los mercados internacionales auspiciado por la plataforma Sounds From Spain (SFS). Dedicada al fomento de la exportación de las empresas españolas vinculadas al mundo de la música y dependiente del Instituto de Comercio Exterior (ICEX), SFS ha sido desde su fundación en 2005 uno de los agentes más proactivos a la hora de echar una mano a grupos españoles con ambiciones internacionales. “Apoyamos a todo tipo de empresas vinculadas con la música y, en el terreno del directo, trabajamos ayudando a los grupos españoles a salir a través de dos vías: por un lado, a través de ferias internacionales del sector como el South by Southwest (SXSW) o el Womed y, por otro lado, a través de misiones comerciales específicas a países como México o Japón”. Quien habla como si de exportar lapiceros se tratara es Juan Miguel Márquez, director de promoción de servicios del ICEX. El planteamiento es el mismo que en cualquier otra industria: acercar el producto a los compradores extranjeros potenciales a través de los lugares de encuentro del sector. Tres son las citas obligadas: el Midem de Cannes, en Francia; el Womex, hasta 2011 en Copenhague y a partir de este año en Salónica; y, por encima de todos con insultante hegemonía, el South by Southwest de Austin, en Estados Unidos. Exportar música en directo pasa por estos focos, especialmente la capital tejana, donde cada mes de marzo se reúne la socialite del directo mundial. The place to be. Y es el lugar donde más intensamente acude SFS con grupos españoles a los que costea, aproximadamente, y en función de cada caso, la mitad de la inversión, unos 1.000 euros por persona con un tope de 5.000 por grupo. Desde 2009 han paseado por la cita americana a grupos consolidados en nuestro país como SFDK, Nacho Vegas, Amaral o Los Planetas, acompañados de recién llegados a la fama musical como La Habitación Roja, Mujeres o The Right Ons. Durante la feria, la ciudad de Austin al completo se convierte en un showcase de grupos venidos de todo el mundo para tocar, e impresionar, a mánagers, agentes y promotores también llegados de todos los rincones. ¿Los resultados? ¿Tenemos cifras de retorno? “Cifras no hay”, responde Márquez, “pero sí sabemos que hay un retorno. El año pasado [en 2010] Las Migas cerraron giras por todo el mundo cuando estuvieron con nosotros en el Womex. Amaral también nos contó que cerraron muchos conciertos en el SXSW. Lo que es muy importante para que funcione es contar con una empresa de promoción local, algo bastante básico, porque si no, te vienes, das un concierto y te vuelves sin que nadie te haya movido”. Miguel Ángel García-Garrido, mánager de Russian Red, considera que ir de la mano de SFS permite, en un contexto tan mastodóntico como el SXSW, “que los conciertos que se programan dentro de la plataforma realmente llamen la atención y concentremos a todos los contactos que necesitamos”. The Right Ons, un purísimo garage band de origen madrileño con disco desde 2007, es otro de los grupos que apareció en la escena norteamericana a través de estas ferias/festivales de sector: desde su primera presencia en el SXSW en 2008 han despegado internacionalmente, con todas las comillas que exige el verbo. Fer Delgado, jefe de prensa y co-mánager con David Jiménez, explica que siempre plantearon el crecimiento del grupo con la vista puesta más allá de nuestras fronteras y con este tipo de encuentros como puerta de entrada principal. “Fuimos al SXSW con The Right Ons en 2008 a ver de qué iba el asunto y tuvimos la suerte de que varios amigos de bandas y mánagers estadounidenses vinieron a ver el show. Inmediatamente no ocurrió gran cosa pero unos meses más tarde, tras el verano, la banda de Eli Paperboy nos conectó con Ed Valauskas de Q Division Studios y en el SXSW de 2009, al repetir visita a Austin, nos abrieron su estudio en Boston, grabamos el segundo disco y cerramos una licencia simple con ellos para distribuirlo en Estados Unidos. También completamos el tour yendo luego a tocar a Toronto”. Desde entonces, el grupo ha pasado por Japón en 2010, ha girado por Reino Unido y la Costa Este americana en 2009, con paradas en New York, Baltimore y Boston. Los escenarios que han pisado demuestran al menos voluntad: “Hemos tocado en pizzerías y reuniones de moteros en Estados Unidos. La única forma de avanzar fuera es tocar donde te llamen y llamar a todas las puertas posibles. A veces cuesta dinero tocar y otras te pagan bien, pero hay que hacerlo en todos los casos y dejar huella en el público, ser muy profesional, cumplir horarios y tratar bien a los equipos para que el promotor te quiera de nuevo el año que viene con un camerino mejor y por más dinero”. No hay mucho más misterio.

Go East

En cuanto al exótico viaje a Japón mencionado más arriba, responde a la segunda vía exportadora propuesta por Sounds From Spain: las misiones comerciales en las que varios grupos españoles salen de gira promocional para ponerse en el escaparate. Recoge Márquez la explicación: “Por ejemplo, los dos últimos años hemos ido a México DF, vinieron Los Planetas y Christina Rosenvinge el primer año, Alondra Bentley y La Habitación Roja el segundo. ¿En qué consiste? Pues en dar conciertos, nosotros sencillamente ponemos los medios como para cualquier otra empresa de otro sector. Y algunos grupos han conseguido resultados importantes: por ejemplo, a Los Planetas les salió una gira en México a raíz de la misión comercial”. En el caso de Japón, SFS organizó en 2010 una gira con Gentle Music Men, Boat Beam, No Way Out y los propios The Right Ons. En 2011, la experiencia se repitió con Annie B Sweet, Pájaro Sunrise, Polock y Russian Red. “Procuramos ir a mercados donde normalmente no se va y la intención es ir ofreciendo cada vez un poco más a los artistas, nuevos mercados. Por ejemplo, en 2012 como novedad estaremos en la Canadian Music Week de Toronto”, cierra Márquez. García-Garrido, de Gigntik Music, acompañó a Lourdes Hernández con motivo de la gira asiática, donde constató el potencial del mercado japonés. “El público está muy agradecido de que vayamos a trabajar allí, se nota mucho en la afluencia de público a los conciertos y en la atención de los medios. Esa es la parte buena de que no se haya hecho antes. La barrera es que, por la misma razón, puede que cueste que entiendan las propuestas”. En cualquier caso, el espíritu es abrir la veda y la predisposición de los músicos y de sus mánagers es la del cruzado evangelizador de la (nueva) música española. “Cada vez nos estamos profesionalizando más, nuestros artistas son más competitivos y se están quitando de encima ciertos complejos”, cierra García-Garrido. “Esto ayuda a que llamemos la atención y que muy pronto ‘nos pongamos de moda’ para que España sea un lugar de referencia dentro de escenas diferentes a la folclórica”. 

Porque siempre estáis ahí, por Joan S. Luna

Corren tiempos de crisis. Tiempos para lamentarse de que las cosas no andan bien, de que el dinero escasea y apenas pasa de mano en mano. Pero aquí estamos nosotros, profesionales del mundo de la música en sus distintas variantes, a un lado del escenario y a otro, entendiendo que nada está perdido, que sencillamente ha llegado el momento de coger al toro por los cuernos y de luchar como nunca antes se ha luchado. Nos cuentan que la economía anda maltrecha, y eso es evidente, pero podemos estar contentos de estar dónde estamos. Pocos son ya los artistas internacionales que no pasan por nuestro país para presentarle sus canciones al público español, pocos son los grupos nacionales que no andan arriba y abajo de nuestra geografía para que la gente disfrute con su música y pocos son los extranjeros aficionados a la música que no hayan oído hablar de nuestros grandes festivales. Aunque todo ello no es fruto de la casualidad, sino del cada día más meditado trabajo de nuestros promotores musicales, vosotros, los que justificáis y dais razón de ser a este anuario que repasa lo malo, lo bueno y lo mejor de una temporada que queda atrás, sin dejar escombros, que deja más bien cimientos sobre los que levantar con más ímpetu lo que vendrá por delante.

Y no consideréis este texto una alabanza gratuita y benévola, sin más motivo que alimentar los egos de cada uno de los que hacen de la planificación, la organización y la ejecución de conciertos una profesión y prácticamente una forma de vida. Para nada. Estas líneas son un merecidísimo voto de confianza para un sector profesional que, tras ganar la batalla a la competencia desleal de las instituciones que programaban conciertos gratuitos en tiempos de vacas gordas, quizás pueda ser el que más gane, sí, pero también el que más arriesga. Porque los promotores musicales de este país aprendisteis a ser lo que sois –y perdonen la expresión– a base de hostias, pero dicen que la letra con sangre entra. Y gracias a ello habéis aprendido. Y mucho.

Son ya doce años de trabajar codo con codo en la Asociación de Promotores Musicales, de hacer de la competencia un pacto entre caballeros, de aprender de los demás y con los demás. Doce años a lo largo de los cuales todos, periodistas, músicos, mánagers y promotores, hemos aprendido que ser profesionales no es hacer de esto un despiadado circo romano, sino sacarle el máximo partido a las piernas y, sobre todo, a la cabeza en esta larga marcha en la que todos estamos metidos, en este maratón en el que lo importante nunca será ganar, sino participar y compartir. Porque sí, son ya doce años. Doce años más viejos, más sabios, pero sobre todo más profesionales.

Joan S. Luna
Director editorial del Anuario de la Música en Vivo 2012
Redactor Jefe de MondoSonoro

Esta noche hay concierto, por Pascual Egea


Este año, la fotografía de la música en directo tiene muchos matices, muchas opiniones y muchas divergencias sobre cómo va la industria. El año que dejamos atrás ha sido duro. Sus cifras son de difícil digestión, pero ha dejado detalles para la esperanza. Los promotores y los artistas nos hemos puesto a trabajar, hemos superado adversidades económicas y emocionales, cambiando el discurso pesimista que regía la industria durante los últimos años. Un vistazo al 2011 desde el backstage de la música en directo nos deja la sensación de que la selección natural está haciendo su trabajo y de que se ha asumido que los tiempos pasados no volverán.

Esta tercera edición del Anuario de la Música en Vivo es un reflejo del optimismo que necesitamos para seguir creciendo incluso con el viento en contra. El primer paso para conseguirlo será sentar unas bases legales y morales que ayuden a la evolución de nuestro sector. Este es el propósito del decálogo para la competitividad de la música en vivo en España que firma la Asociación de Promotores Musicales (APM) en representación de todos los promotores del sector y que es fruto de la experiencia, de la comparación de modelos de éxito y de las opiniones y las reflexiones de los actores de la música en vivo de nuestro país. En este sentido, exijamos convertir a las instituciones en facilitadores, en lugar de que sean nuestros competidores. Necesitamos terminar definitivamente con los conciertos gratuitos financiados íntegramente con dinero público. Necesitamos una nueva ley de mecenazgo que estimule la participación empresarial en la cultura. Necesitamos que se regule la entrada de los menores a las salas de conciertos. Necesitamos la colaboración de las entidades de gestión y la ayuda de los gobiernos para cimentar el salto cualitativo de nuestra música. Necesitamos mucho, y más, para permitir que esta industria ofrezca al público el rendimiento cultural y económico del que es capaz.

Estamos camino de darle la vuelta a la industria musical entre todos y ya se han dado los primeros pasos. Queda mucho por andar, especialmente para combatir el intrusismo y la falta de profesionalidad y de respeto hacia nuestro sector, pero las buenas señales abundan. Desde la Asociación de Promotores Musicales queremos reforzar un mensaje de juego limpio y de respeto a la profesión como condición para formar parte de este negocio. Ha de terminar la tolerancia con quien no cumple las reglas e ignora las condiciones legales y profesionales exigidas. Por el bien de todos, hemos de trazar una línea que deje fuera de la industria a quien ignore estas reglas.

Más allá de la batalla por defender nuestra industria, 2011 ha sido también el año para volver a crecer buscando nuevas líneas de trabajo. Las bandas españolas, de la mano de sus mánagers y promotores, se están lanzando cada vez más a los mercados internacionales, apostando por destinos tradicionalmente difíciles como Estados Unidos, Europa o el mercado asiático. En cuanto a la atracción de talento a nuestros escenarios, seguimos contando con los mejores para llenar nuestros recintos a pesar de los rigores económicos. Y es que, más allá de nuestras demandas y necesidades, lo que nos hará renacer de nuestras cenizas será el empeño, íntimo, frívolo, personal e intransferible, en que esta noche haya un concierto más en cada ciudad.

Pascual Egea
Presidente de la Asociación de Promotores Musicales

Un impulso al talento en vivo, por José Maria Lassalle

Asistir a un concierto resulta siempre un acontecimiento, una experiencia única e inmediata de la que todos aprendemos algo. Quienes concebimos el directo como una forma necesaria e inimitable para el disfrute de la música, sabemos del enorme esfuerzo logístico y humano que existe detrás de cualquier manifestación artística del género. Sabemos que vosotros, los promotores, sois una figura fundamental a la hora de levantar el inmenso entramado técnico y de personas que hay detrás de cada espectáculo. Sois vosotros quienes, con vuestra iniciativa y pasión, y poniendo muchas veces en juego vuestro riesgo empresarial, hacéis posibles tantas y tantas noches de música.

A través de Asociación de Promotores Musicales habéis fortalecido el tejido de esta industria cultural. Vuestro papel ha sido decisivo y vuestro esfuerzo, aliento e iniciativa han contribuido tanto al impulso de la creación artística como a potenciar la actividad económica del sector y con ella la de todo el país.

Desde la Secretaría de Estado de Cultura compartimos este doble objetivo: el apoyo al talento emergente y la voluntad, ahora más que nunca, de potenciar la música en vivo en España como parte de nuestro patrimonio cultural. Por este motivo, el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música tiene la voluntad de seguir promoviendo el circuito estatal Girando por Salas en apoyo a la creación actual, en concreto a la gira de artistas y específicamente para salas y recintos de programación estable de música en vivo de todo el Estado. Un circuito que en esta edición ha generado más de 300 conciertos de rock, pop, jazz, folk, entre otros géneros, en cerca de 200 salas de toda nuestra geografía.

Es un proyecto con el que pretendemos hacer más sólido y estable el sector a la vez que mejorar el nivel de profesionalización de sus protagonistas y que la actividad que genere este circuito revierta en toda la estructura –promotores, agentes, salas, técnicos o transportes– que rodea a esta profesión. El citado circuito cuenta con una financiación de 1,5 millones de euros para el presente ejercicio. Además, creemos que el impulso desde el Ministerio a este tipo de actividades les añade un plus de reconocimiento social. En la línea del reconocimiento que el género merece, nos congratula contar con un Premio Nacional consolidado como el de las Músicas Actuales, que en sus tres primeras ediciones ha sido concedido a Joan Manuel Serrat, al dúo Amaral y al intérprete Santiago Auserón.

Para terminar, quiero trasladaros nuestra enhorabuena por vuestro trabajo y por estos años de unión, que constituyen un verdadero acicate para la profesión.

José María Lassalle
Secretario de Estado de Cultura
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Concierto de Nouvelle Vague en el Palau de la Música durante el Festival del Mil·leniChristophe Quemin, mánager del grupo francés, nos contó sus impresiones del mercado español para el reportaje Pasen, toquen y beban. 
Foto: ROBIN BAIRD

Concierto de Nouvelle Vague en el Palau de la Música durante el Festival del Mil·leni
Christophe Quemin, mánager del grupo francés, nos contó sus impresiones del mercado español para el reportaje Pasen, toquen y beban.

Foto: ROBIN BAIRD

Double door Los grupos españoles Amaral, Maika Makovski y The Right Ons giraron juntos en mayo de 2010 mientras se dirigían por carretera a la feria South by Southwest, que congrega cada año en Austin (Tejas) a los profesionales de la industria del directo de todo el mundo. En la foto, el cartel corresponde al club Double Door, cuando todavía andaban por Chicago.  
Fer Delgado, mánager de The Right Ons, nos contó su experiencia en suelo americano en el reportaje Madrid, Austin, Tokio.

Double door
Los grupos españoles Amaral, Maika Makovski y The Right Ons giraron juntos en mayo de 2010 mientras se dirigían por carretera a la feria South by Southwest, que congrega cada año en Austin (Tejas) a los profesionales de la industria del directo de todo el mundo. En la foto, el cartel corresponde al club Double Door, cuando todavía andaban por Chicago.  

Fer Delgado, mánager de The Right Ons, nos contó su experiencia en suelo americano en el reportaje Madrid, Austin, Tokio.

Créditos

  • Director editorial: Joan S. Luna
  • Concepción y producción ejecutiva: Pauta Media S.L. · Francesc Castanyer · www.pautamedia.com
  • Dirección de arte, diseño y maquetación: Eixida · Xavier Grau y Mariana Castel · www.eixida.cat
  • Jefe de redacción: Xavier Orri
  • Redactores: Alba G. Laguna, Víctor Lenore, Teresa Vallbona, VÍctor Solvas
  • Fotografía: Juanlu Vela y archivo APM
  • Distribuidora: Tengo Un Trato S.L. www.tengountrato.com
  • Edición: Estela Sanz
  • FEBRERO 2012

Contacto

Asociación de Promotores Musicales
secretaria@apmusicales.com

Prensa
apm@pautamedia.com


La Asociación de Promotores Musicales de España (APM) edita desde  2010 el  Anuario de la Música en Vivo en el que se repasa lo ocurrido en la industria del directo durante el  último año.
La Asociación de Promotores Musicales fue fundada en el año 2000 por trece de las promotoras más relevantes del mercado: Doctor Music, CP Jazz, The Project, RLM, Gamerco, Planet Events, Cap-Cap, Encore Music, Get In, Producciones Animadas, Iguapop, Música étnica, Zusup y Pino Sagliocco Production.
Desde entonces, la institución ha ido creciendo en número y presencia mediática, alcanzando merecida condición de representante de la industria del directo e interlocutor de referencia de las instituciones públicas en lo que atañe a la música en vivo.
Cuenta actualmente con 44 empresas asociadas que generan conjuntamente alrededor del ochenta por ciento deL volumen de negocio de los conciertos de iniciativa privada en nuestro país.
JUNTA DIRECTIVA
presidente · Pascual Egea vicepresidente · Xavi Manresa vocales · Íñigo Argomaniz, Ana Eusa, Barnaby Harrod
Asociación de Promotores Musicales (APM)Rambla Catalunya, 127, 3º 2ª  08008 Barcelona  www.apmusicales.com

La Asociación de Promotores Musicales de España (APM) edita desde 2010 el Anuario de la Música en Vivo en el que se repasa lo ocurrido en la industria del directo durante el último año.

La Asociación de Promotores Musicales fue fundada en el año 2000 por trece de las promotoras más relevantes del mercado: Doctor Music, CP Jazz, The Project, RLM, Gamerco, Planet Events, Cap-Cap, Encore Music, Get In, Producciones Animadas, Iguapop, Música étnica, Zusup y Pino Sagliocco Production.

Desde entonces, la institución ha ido creciendo en número y presencia mediática, alcanzando merecida condición de representante de la industria del directo e interlocutor de referencia de las instituciones públicas en lo que atañe a la música en vivo.

Cuenta actualmente con 44 empresas asociadas que generan conjuntamente alrededor del ochenta por ciento deL volumen de negocio de los conciertos de iniciativa privada en nuestro país.

JUNTA DIRECTIVA

presidente · Pascual Egea
vicepresidente · Xavi Manresa
vocales · Íñigo Argomaniz, Ana Eusa, Barnaby Harrod

Asociación de Promotores Musicales (APM)
Rambla Catalunya, 127, 3º 2ª 
08008 Barcelona 
www.apmusicales.com

Pasen, toquen y beban

La industria española del directo compite con pocos medios y mucho encanto con los grandes mercados de la música en vivo. A pesar de las lastimosas condiciones económicas que ofrece nuestro país, el público y el clima siguen seduciendo a los artistas internacionales

por Xavier Orri

Un ejercicio de personificación del mercado español de la música en vivo daría como resultado un hermoso joven que bordea los treinta años, con barba de tres días, sin estudios superiores, de escasos recursos económicos y con un especial encanto para seducir a las mujeres. Algo así es España sobre los escenarios: ruinosa y seductora, arreglada pero informal. Chris Ortiz, director de Riff Producciones, ilustra este encanto del directo español con una anécdota con el expinkfloyd Roger Waters: “Siempre me repite que se muere de ganas de venir a tocar a España porque el público se entrega, hacemos ruido, tenemos energía y hace un tiempo maravilloso. ¿Cómo no van a venir?”. Este es el cariz fascinante y atractivo de la industria del directo español. El hechizo de un país hecho a medida para la música en vivo, que luce sus mejores galas en los festivales de verano y en las giras de los grandes artistas que cada año se pasean por las capitales musicales de nuestro país. España es referente. Tiene marca y estilo. Tiene sol. Cerveza fría y bien tirada. Tiene nombres que la proyectan en el terreno artístico, industrial y festivalero. “España es un destino de referencia para las grandes giras y a nivel de clubes”, nos concedía hace dos años el periodista británico James Drury en la revista Audience, referencia en el mundo del directo, en un reportaje dedicado al mercado español. Un mercado que, en la última década, con la salvedad de los tres últimos cursos, se ha posicionado bien en la escena internacional, profesionalizándose hasta cotas inimaginables en los desastrosos ochenta. Esta es la cara feliz y festiva del joven seductor.

La otra cara, pelín más oscura, habla en cifras. En números rojos, concretamente, desde que estalló la crisis. 2010 volvió a registrar, por tercer año consecutivo, un descenso en el número de conciertos del 2,6%. También el número de espectadores cayó por encima del 5%. La excepción, más que honrosa, fue en el terreno de la recaudación, que creció otro 5% aupada, según las cifras y el análisis del anuario de la SGAE, por la celebración del macrofestival Rock in Rio en Madrid. De hecho, excluyendo los festivales mastodónticos, la recaudación hubiera caído un 2,4%. En el terreno internacional, las comparaciones numéricas tampoco son tan optimistas como la reputación que tenemos al cruzar nuestras fronteras. Sin ir más lejos, el precio medio por entrada en España sigue por debajo, bastante por debajo, del de nuestros más directos competidores. El precio medio europeo de las entradas a conciertos cotizó en 2010 en los 48,3 euros, mientras aquí las seguíamos comprando por 42. Una diferencia por encima del 13% que refleja la menor disposición a pagar del público español en comparación con, por ejemplo, el irlandés (50 euros) o el italiano (52,5), por citar dos países con parecidos indicadores socioeconómicos. También en el gasto medio por persona sigue el público local muy por detrás. Cada español gasta de media 4,22 euros al año en conciertos. En Estados Unidos, que a pesar de las dramáticas caídas en ventas desde el inicio de la crisis sigue liderando esta estadística, la cifra es de 14,02 euros anuales. La traslación de las cifras en conclusiones la sirve Íñigo Argomaniz, director de Get In y presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM) de 2007 a 2008: “España ha crecido una barbaridad, pero sigue siendo un mercado menor en la comparativa internacional. El reflejo más evidente es que los artistas que están en crecimiento no consideran que España sea lugar de paso necesario para cimentar sus carreras”. Esta posición de media tabla tiene ejemplos obvios que lo ilustran: una banda como The Decemberists, paradigma de la clase media internacional de la que habla Argomaniz, obvió a España en su tour mundial del año pasado. Subiendo un peldaño, la gira europea de Placebo de hace apenas dos años dio para diez conciertos en Alemania, trece en Francia, doce en el Reino Unido y cinco en Italia. ¿En España? Dos, al nivel de Polonia. Y volviendo a Roger Waters, en 2011 ha llenado nueve estadios Monumental en Buenos Aires, a 40.000 personas por concierto, mientras que España solo le dio para dos noches en el Sant Jordi y otras dos en el Palacio de Deportes en Madrid.

Young & beautiful

¿Los motivos? Desde el punto de vista estructural, como industria, el directo español tiene algunas rémoras que explican la actual situación. Para empezar, que empezamos más tarde. Unos veinte o treinta años más tarde que las economías occidentales que, a finales de los setenta, especialmente en los países anglosajones, ya tenían una industria educada en el arte de hacer conciertos. No hay que olvidar que los Stones no llegaron a España hasta 1976. En relación a esta tardanza, también la formación de los profesionales va con retraso. Mientras que Inglaterra cuenta con prestigiosos centros educativos dedicados al sector, caso de la School of Music de Liverpool, y que las escuelas de negocios de toda Europa Occidental cuentan con MBA dedicados exclusivamente al negocio de la música, en España el movimiento académico es todavía incipiente. Ventura Barba, director del postgrado de industrias de la música del IDEC de Barcelona y director de operaciones de Advanced Music, observa sin embargo un cambio de tendencia y una intelectualización cada vez mayor en las nuevas hordas de profesionales que se incorporan a la industria. “Nos estamos poniendo poco a poco al nivel, va subiendo gente más formada que la primera generación, que no tuvo oportunidad de estudiar esta industria desde un punto de vista académico y tuvo que aprender por experiencia. Los que venimos ahora somos licenciados que optamos al sector por pasión y somos igual de profesionales que el director de marketing de Danone. Finalmente, es igual de milagroso que alguien compre una entrada para el Primavera que un yogur de Danone”. Directamente vinculada a esta carencia académica y profesional se alinea otra diferencia con los mercados dominantes: las estructuras empresariales. El tamaño de la mayoría de las promotoras españolas no alcanza ni de lejos la dimensión de sus homólogas británicas, alemanas o francesas (por no mencionar Estados Unidos) y ciertas figuras indispensables fuera de nuestro país, caso del brand manager dedicado exclusivamente a conseguir sponsors para conciertos, son rara avis entre las promotoras punteras españolas. A nivel de grupos y artistas, tres cuartos de lo mismo. “Cualquier grupo inglés o americano tiene un mánager que se dedica a tratar con la discográfica, firmar el sello, buscar patrocinios,… y luego un agente que busca los conciertos. En España todo queda en la figura del mánager, que no está especializado en buscar conciertos, y es distinto”, explica Barnaby Harrod, director de Mercury Wheels.

Además de la bisoñez, otro motivo que explica la situación del mercado español es la extraña presencia de las administraciones públicas como competidoras en el mercado de la música en vivo. Como cuenta con recurrencia el actual presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM), Pascual Egea, “la principal diferencia de España con el extranjero es que fuera tienen mercados reales que responden a lógicas de mercado. En España hemos tenido hasta hace poco un mercado ficticio en el que las instituciones públicas regalaban conciertos”. Volviendo a los Stones, hace solo un lustro sus satánicas majestades se dejaron seducir por el dinero municipal para incluir a El Ejido en su gira europea The Big Band Tour, al ladito de París, Viena, Milán o Barcelona. La analogía es burda, pero ilustrativa: si los ayuntamientos financiaran la compra de Mercedes a los ciudadanos, difícilmente SEAT hubiera hecho fortuna. Aquel episodio en El Ejido fue la culminación de un mecenazgo municipal que ha lastrado la promoción privada de conciertos durante tres décadas. Michel Vega, responsable de los artistas latinos de la agencia estadounidense William Morris, era uno de los beneficiados por este panem et circenses municipal. “Yo no conozco ningún mercado alimentado por los gobiernos municipales como España, aunque está cambiando. Contábamos mucho con eso para llevar a grupos internacionales”, lamenta Vega. Pero la fiesta ha terminado y España, especialmente sus grupos y sus promotores, siguen de resaca pagando la principal consecuencia: una asunción generalizada de que la música en directo debe ser gratis o, como mucho, barata. Cual derecho constitucional. No es el único terreno en el que este tipo de presunciones existe en España: también el fútbol vive esta excepcionalidad en nuestro país, el único en Europa donde, por ley, se exige la gratuidad de un partido en abierto a la semana. Reflexionaba sobre esta particularidad Daniel Molina, international booking agent de Planet Events y autor del estudio “Live music and the new music industry: The case of Spain”, apuntando a más factores que la promoción pública de conciertos o el ibérico sentido pícaro. “También hemos abusado como industria de los mercados secundarios para vender entradas más baratas, sorteándolas, regalándolas al fin, y el público ha interiorizado que el producto, la música en directo, no tiene coste”.

Más allá de esta condición que solo el tiempo (y la falta de dinero público) revocará, la industria del directo española tiene otras singularidades estructurales que la convierten en un mercado particularmente difícil para sus actores. Para empezar, un trato legislativo que no considera cultura a la música popular. La prometida renovación de la ley de mecenazgo, solicitada desde el sector como herramienta clave para la captación de patrocinios y prometida por el ejecutivo Zapatero en 2010, no ha llegado a ver la luz. Y, por supuesto, el canon de la SGAE, que todavía está fijado en el 10% de la recaudación del concierto: el más alto de Europa, solo a la altura de Italia y Eslovenia. “Es otro de nuestros grandes handicaps”, reconoce Harrod, “una gran desventaja cuando se trata de hacer ofertas a grupos extranjeros para que vengan a tocar aquí”.

Night clubbing

Otro factor, tal vez más prosaico pero al fin y al cabo relevante y, sobre todo, muy difícil de alterar, es la cultura festiva que se ha impuesto en España y en la que el concierto como opción de ocio no ha conseguido entrar con fuerza. Christophe Quemin, mánager del grupo francés Nouvelle Vague, considera que la cultura de discoteca que impera en España explica en buena medida el estado de la industria española del directo. “La gente está dispuesta a gastarse 20 euros cada fin de semana para ir a ver a un dj, pero no para ir a un concierto. Hay que revertir este hábito porque tiene varias implicaciones muy negativas: para empezar, que los conciertos en España los tienes que poner a las nueve o diez de la noche para no competir con el horario de discoteca, y la gente no contempla esa hora como un momento festivo”. En otras palabras, el concierto va a la hora de la cena y en España con la comida no se juega. La segunda consecuencia, abunda Quemin, es el empobrecimiento del panorama de salas de conciertos, especialmente en los mercados secundarios del país, escondidos tras la hegemonía de Madrid y Barcelona. “Los propietarios de las salas te reconocen que no tienen interés en convertirse en sala de directo porque poniendo tecno llenan el local, mientras que con un concierto siempre se arriesgan a que esté medio vacío”, cuenta Quemin. ¿Resultado? El mejor panorama de discotecas de Europa, pero unas carencias irremediables para la cantera musical. “Es un modelo cultural como cualquier otro”, sigue Pascual Egea, “pero no es el mejor para la música en vivo. El mejor es el modelo inglés, donde vas a ver a los Foo Fighters y está la familia entera, del nieto al abuelo”. Chris Ortiz, crecido en Estados Unidos, reconoce grandes diferencias en este terreno. “En el mundo anglosajón, el público está dispuesto a pagar diez euros por ver un concierto de un grupo al que no conoce, solo por curiosidad. Aquí el público de concierto va a ver a su artista, si no, no va”. La pescadilla que se muerde la cola: no hay salas porque no hay público y no hay nuevos grupos porque no hay salas de tamaño medio donde tocar.

Lo que sí hay es un camino posible para revertir esta situación: cuestión de cuidar el producto y de acostumbrar al público a la alternativa de ocio “concierto”. El hábito se genera con apuesta privada y colaboración institucional, razona Ortiz, que ilustra la fórmula con el caso de Castilla y León. “En Valladolid, por ejemplo, tienes una asistencia per cápita a conciertos más alta que la media porque los promotores de la zona han apostado y la administración les ha ayudado a reducir sus riesgos. Con el tiempo se ha generado una cultura de concierto. Cuantos más conciertos hagamos más cultura de concierto generaremos”. Quemin, al frente de la agencia GYAT con sede en Barcelona, también es un firme defensor de este modelo para ir, paso a paso, de fin de semana en otro, cambiando el modelo de clubbing como opción de ocio nocturno hegemónica. Con Nouvelle Vague, su grupo de cabecera, está empeñado en ver la luz más allá de las capitalinas Madrid y Barcelona. “Actualmente hacemos cuatro o cinco conciertos al año en España y unos 15 en Portugal con el grupo. No tiene sentido, sobre todo porque tenemos muchos más fans en España. ¿Qué ocurre? Que allí la gente va a conciertos por costumbre, en las ciudades pequeñas y en las grandes. Aquí, los promotores de ciudades secundarias tienen miedo de contratarnos”. Ciudades como Granada, Coruña y la propia Valladolid, todavía tiemblan con grupos internacionales de nivel medio. “Como agencia, y a través de un grupo como Nouvelle Vague, lo que queremos ahora es generar un routing eficaz y realizable que nos lleve por estas ciudades. Es el único modo de que podamos crecer, pero para la primera gira estamos obligados a rebajar nuestro caché alrededor del 50%, haciéndolo a medida del contexto de cada sala”. Su ambición es abrir la veda y, a partir de ahí, llevar a sus demás grupos por la senda iniciada. “No sé si funcionará”, asume Quemin, “pero hay que intentar generar este movimiento, no puede ser que sigamos haciendo más conciertos en Portugal que en España”.

La tarea es tan exigente como necesaria. Para Xavi Manresa, director de Cap-Cap Produccions, resolver el páramo que se esconde tras Madrid y Barcelona tiene que pasar también por un cambio de mentalidad global frente a la música. “Si queremos que surjan buenas bandas y una industria que funcione, lo primero que necesitaremos, además de impulso privado, es algo de colaboración pública en infraestructuras. Con que hubiera una sala digna de entre 500 y 2.000 personas de aforo en cada capital de provincia este país daría un salto bestial a nivel musical. Ojalá con la crisis nos demos cuenta de que es mejor enseñar a pescar que dar el pescado servido. Invirtamos en infraestructuras, ayudemos a formar técnicos de sonido, pongamos al frente de las salas a alguien que sepa de qué va el negocio. Con este punto de partida crearemos un circuito real más allá de Madrid y Barcelona”. Ejemplos de este modelo los hay en todo el mundo: las ciudades francesas y alemanas de tamaño medio en adelante cuentan con salas para jóvenes destinadas a que los grupos toquen y Estados Unidos tiene un circuito universitario donde las bandas se foguean. “El resultado es que coges una banda americana de chicos de 20 años y lleva 300 conciertos, mientras que una española lleva 30. Si quieres buenos futbolistas y gente que vaya al fútbol, vas a necesitar buenos estadios, ¿no? Pues por algún motivo, en España, esto no se entiende en relación a la música”, cierra Manresa.

Lejanía internacional

Las carencias del mercado secundario agudizan, por otro lado, uno de los handicaps principales de la industria del directo español: el geográfico. La península no es un lugar de paso evidente. De nuevo, habla Manresa: “Cuando un grupo tiene previstos 30 días para una gira europea, si puede hacer 31 conciertos mejor que 29, por lo que procurará no perder días de viaje. Tal como se planean las giras, los artistas tienen que bajar desde París expresamente hasta España. Es decir, un día perdido para venir y luego otro perdido para llegar a Italia. Y este es el coste para, finalmente, dar un concierto en Madrid, otro en Barcelona y con suerte un tercero en Bilbao o Donosti”. En otras palabras, si el viaje pudiera rentabilizarse con cuatro o cinco fechas más en capitales de provincia, posiblemente menguaría el problema de la distancia. “Pero construir este mercado secundario es muy difícil porque, además de que faltan salas, España es musicalmente muy poliforme”, reflexiona Argomaniz, “en cada territorio gustan estilos muy distintos porque no hay esa base de rock que tienen en Inglaterra o en Estados Unidos. España, de hecho, no es un país muy rockero”, cierra el director de Get In.

A la lejanía estrictamente geográfica, España suma un segundo handicap existencial: el económico. Más allá del esfuerzo físico que supone el millar de kilómetros que nos separa de la civilización europea, que en el terreno musical empieza en la capital francesa, el desaliento económico es notable para los grupos que quieren acercarse. La explicación tiene dos patas. La derecha es el precio de entrada y la diferencia de cachés entre Europa y Estados Unidos con respecto a España. Manresa, que desde su promotora ha trabajado tradicionalmente con grupos independientes de clase media, es muy consciente de esta limitación: “Cuando hablamos de U2 o de grandes grupos, los cachés se conservan y en esa élite estamos por lo general a nivel europeo, no hay problema, tenemos una buena primera clase musical, el problema está en los grupos que en Europa giran a 8.000 o 9.000 euros por concierto mientras que aquí les puedes ofrecer entre 5.000 y 6.000”. Tampoco en este terreno hay más estadística que la experiencia de los promotores, que cuantifican las diferencias con la Europa Occidental alrededor del 30%. Para muestra, Chris Ortiz trajo en julio de 2010 a Mark Knopfler. “Nos costó vender las entradas a 55 euros cuando en Inglaterra la misma gira se estaba pagando a 80 libras y en Estados Unidos a 120 dólares. Piensas que, con un precio más bajo, meterás más gente, que es como muchas veces hemos asegurado el gross, pero ahora con la crisis ni eso, así que el concierto hay que enfocarlo para el fan, que es al que le da igual si el concierto vale más o menos”. En cuanto a la pata izquierda de esta dificultad económica, los tintes son discográficos: en España no hay Dios que venda un disco, salvo artistas patrios con más de 20 años de carrera (en 2010 el disco más vendido fue un reminiscente Sergio Dalma). Las bandas extranjeras camino del estrellato, perfiles tan altos como Franz Ferdinand sin ir más lejos, no tienen ninguna esperanza. Con la tasa más alta del mundo en descargas ilegales, un 45%, que dobla la media de la Unión Europea, las ventas siguieron desplomándose un 22% en 2010 (frente al 11% de Inglaterra o al 10% en Estados Unidos) y otro 13,7% en 2011, aumentando la brecha con los mercados musicales de referencia. “La situación discográfica afecta mucho a la música en directo”, razona Barnaby Harrod. “Uno de los factores principales que valora un grupo para escoger los destinos de su gira son las ventas de discos que generará pasando por el país. Si en Alemania vende 30.000 discos y en España 300, ¿qué crees que hará el grupo?”. 

Llegados a este melodramático punto, ¿cómo consiguen los promotores españoles, a pesar de todos sus pesares, que muchos grupos sigan incluyendo, con más o menos fortuna, a España en su circuitos musicales? Analizado el mercado en relación a la competencia internacional, ¿qué hace a la industria del directo española merecedora de los elogios que recibe desde todos los rincones? ¿Por qué la Canadian Music Week se ha molestado en escoger a España como mercado invitado en la edición de 2012? ¿Cómo hemos conseguido duplicar el número de conciertos y la recaudación en solo una década? En fin, ¿cómo unos cimientos tan ligeros sostienen este mercado?

Intangibles soleados

“Yo estoy bastante convencido de que la industria española de la música en directo es muy competitiva gracias al buen tiempo del que disfrutáis”. Quien habla desde la gélida ciudad de Toronto es Neill Dixon, presidente de la Canadian Music Week, el encuentro de la industria de la música en vivo más veterano de Norteamérica, por delante del referente South by Southwest (SXSW) de Austin. La tesis, aunque incompleta y de apariencia simplista, es compartida por todos. No hay promotor, artista, mánager o técnico de luces que no reconozca en las virtudes (medio)ambientales de España uno de los factores que explican su alta cotización en el mercado del directo. “No negaremos que es un argumento de venta, como también lo es el público, muy agradecido con los grupos”, reconoce Pascual Egea. Le sigue el inglés Barnaby Harrod: “Yo toqué muchos años por España y es el país donde los grupos más disfrutan. Es un tópico intangible, pero es absolutamente cierto. Fleet Foxes salieron del concierto del último Primavera completamente alucinados del ambiente que encontraron. No lo habían vivido jamás. No se trata solo de la fiesta, son las vibraciones que siente el artista sobre el escenario. España es un lugar muy especial para tocar”. Chris Ortiz también observa este carácter diferencial en los espacios con los que cuenta España: “El clima aporta mucho, es verdad, pero también los lugares donde hacemos conciertos. ¿Qué guiri no adora tocar en una plaza de toros, que además es un espacio con una acústica increíble? Hacer un concierto en Las Ventas es una preciosidad. En los mercados más desarrollados, especialmente en el mundo anglosajón, los recintos no tienen personalidad, son más fríos y menos seductores para el artista”.

Por reputación y encanto, muchas bandas desdeñan los inconvenientes de acercarse a tocar a España. “Los grupos van viniendo”, recupera Manresa, “pero está claro que para llenar salas el camino es lento, si no son Bono, tienen que ir paso a paso”. Por norma general, el patrón de los grupos que vienen a tocar a España sin ser superestrellas, algo así como la inmensa mayoría, ha hecho carreras de fondo. Carlos Asmarats, director de Encore Music, tiene unos cuantos casos en su agenda de artistas llegados cuando no eran nadie y que han ido creciendo en nuestro mercado a base de conciertos pequeños. “Yo traje a Ben Harper por primera vez y actuó delante de 15 personas en Madrid, Rammstein empezó con 300 en Barcelona, Jack Johnson vino en 2001 cuando aquí no lo conocía nadie con la entrada a mil pesetas… España exige carreras largas, pero luego el público es muy fiel con los que se lo trabajan”. La segunda vía de llegada son los festivales. Como luego ampliaría Dixon en su sesgada cita dos párrafos atrás, “los festivales son otro gran valor de la industria española, el nivel es inmenso”. Ventura Barba, desde su atalaya barcelonesa del Sónar, cree que el formato, de éxito indiscutible en España, es muy seductor para los grupos extranjeros. “Para traer bandas competimos con toda Europa, de modo que hay que ofrecer algo distinto y lo tenemos: hemos conseguido tener festivales en los que tocar supone para muchos un salto adelante en su carrera. Tenemos festivales de altísimo nivel musical y con una asistencia muy alta, lo que nos pone en primera línea mundial”. Harrod le acompaña en la tesis: “A nivel festivales, España es el segundo mercado de Europa tras Inglaterra. Un Sónar son palabras mayores, el Primavera, según el director del Coachella, es su equivalente europeo. ¡Somos muy buenos en esto!”, se felicita el promotor inglés afincado en Madrid.

Desde la semilla que supuso el Doctor Music Festival de Neo Sala en 1996, una extensa lista de encuentros se ha impuesto hegemónicamente a nivel nacional e internacional. Desde propuestas tan grandilocuentes como el FIB de Benicàssim o el Rock in Rio madrileño, la escena barcelonesa capitaneada por el Sónar y el Primavera, la riqueza vasca encabezada por el Azkena y algunas sorpresas notables como el SOS 4.8 murciano y las propuestas de género como Jazzaldia, los festivales bien trazados funcionan de maravilla en nuestro mercado. Las cifras sostienen esta impresión: en 2010 el 18% de los ingresos del directo llegaron a través de los festivales, mientras que a nivel de asistencia no supusieron ni siquiera el 5% del total. El aplauso es generalizado, tanto como la estupefacción ante un panorama extraño: ¿cómo tenemos el mejor elenco de festivales de Europa mientras los conciertos siguen palideciendo? Son, directamente, productos de ocio distintos. De acuerdo a las opiniones de los implicados en el sector, el festival ha crecido con la música de fondo. La experiencia social ha primado por encima de la musical. “Los festivales funcionan entre comillas independientemente de la música”, dice Ortiz. “Lo que cuenta es la experiencia. Para mí los festivales son como cuando de chico te ibas al pueblo o de colonias con los amigos”. Barba refina la tesis: “Los festivales tienen otros valores más experienciales de comunidad, de hedonismo, de conocimiento, más que cuando vas a un concierto. Se le une vivencia a la música”. El festival, como formato, a diferencia del concierto, se ha convertido en una opción de ocio recurrente, un entretenimiento asociado a la música, que ha crecido en buena medida aupado por el público extranjero. Como reseña el European Festival Report de 2010, España es con diferencia el primer destino de los UK festival-goers, seguido de Alemania y de Europa del Este, donde se avecina una fuerte competencia en los años por venir. “El buen nombre turístico es sin duda uno de nuestros grandes activos y parte de la explicación en la diferencia entre la asistencia a festivales y a conciertos”, razona Barba.

Amanece que no es poco

Con sus lamentos estructurales y coyunturales, la industria del directo español alcanza poco a poco su entrada en la edad adulta, con promotores empeñados en competir con los mercados dominantes. Los mimbres existen y los problemas tienen solución. El futuro es cada vez más nítido. “Si sabemos sacar partido de los recursos que nos ofrece nuestro entorno y que nos diferencian de los demás, la crisis quedará como un pie de página en la historia de nuestra industria y seremos un sólido referente de este negocio”, cierra Egea.

seguir a la segunda parte

Madrid, Austin, Tokio

viene de la primera parte

Conquistada América Latina con más o menos fortuna y con un mercado español en caída libre, las bandas nacionales se lanzan a los mercados por explorar, con Estados Unidos como reto mayúsculo y el Este como aventura exótica

por Xavier Orri

De puertas para adentro el escenario sobrevive. La otra cara de la moneda es el camino a recorrer de puertas para afuera: la exportación del artista español. Desde el punto de vista estadístico, este terreno sigue virgen de indicadores objetivos. No tenemos un diferencial de deuda con el bono alemán o un mundial de fútbol que fije nuestra posición en la tabla. Lo único que tenemos son experiencias y sensaciones de los promotores y artistas que han cruzado nuestras fronteras. Rosa Lagarrigue, directora de RLM, es una de las que más empeño ha puesto en esta tarea. Su análisis es dicotómico: cuando se trata de Europa y del mundo anglosajón, “la presencia de artistas españoles es puramente anecdótica”. Si hablamos de América Latina, España ha hecho un gran trabajo. No hay artista de media tabla para arriba que no gire ocasionalmente por México, Argentina y Chile, en este orden de prioridad, sin excluir otros mercados interesantes como Venezuela, Brasil, en menor medida por la fuerza de la música local, o Colombia. Una primera generación con nombres como Raphael, Camilo Sesto, Lola Flores o Julio Iglesias abrió el camino que siguieron en los ochenta grupos como Mecano o Héroes del Silencio. Desde entonces, América Latina no ha dejado de ganar peso como mercado para los artistas españoles. “Pero, más allá de estos mitos, el paradigma en este sentido es Alejandro”, cuenta Lagarrigue en referencia a Alejandro Sanz. El músico madrileño se lanzó a finales de los noventa, aupado al álbum Más, en el que se incluía su legendario “Corazón Partío”, en una gira americana sin precedentes, por ambiciosa, en la que superó la cifra de 80 conciertos, abriendo definitivamente la veda para los que hoy están desarrollando parte de sus carreras en América Latina, artistas como el rapero Porta, Mala Rodríguez o los catalanes de Jarabe de Palo. “Hay camino recorrido, pero que nadie entienda que América Latina es un mercado fácil”, advierte Lagarrigue, “hay que ir país por país, con inversiones fuertes a nivel de tiempo y de dinero para la promoción”.

Go West

Ahora bien, si América Latina es un mercado difícil, Europa y muy especialmente Estados Unidos pueden considerarse un calvario. “Pero son mercados más necesarios que nunca porque ha caído la demanda local y hay que ir a vender entradas donde haga falta”, tercia Íñigo Argomaniz, director de Get In. Para muestra, el promotor donostiarra desliza un dato significativo: 2011 ha sido el año de debut en Estados Unidos de dos artistas con más de 25 años de carrera a sus espaldas como Sabina y Calamaro. Pero más allá de estos grandes nombres, parece que la crisis ha espabilado al artista medio en la búsqueda de nuevos horizontes. Las dificultades económicas y las facilidades tecnológicas y de comunicación están abriendo una puerta a un mercado gigantesco y por explotar. “Hasta la fecha, al artista español le ha dado mucha pereza saltar a mercados tan exigentes como Estados Unidos o el norte de Europa, no digamos Inglaterra. A poco que se acomodaban en España les bastaba porque el mercado daba para todos, hemos sido muy conformistas”, reflexiona el director de Fix Music y presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM), Pascual Egea, “pero la mentalidad está cambiando poco a poco gracias a artistas que dieron el paso”. Y aunque excepciones siempre hubo, caso de Duncan Dhu, que programó más de 20 conciertos en Estados Unidos allá por 1991, Egea también pone como ejemplo a Alejandro Sanz para ilustrar el cambio de mentalidad con respecto al mercado anglófono: “Lo tenía todo hecho en España y en América Latina, era un ídolo, pero se fue a Estados Unidos a recorrer garitos con paciencia y finalmente le ha dado resultado”. Le da la razón Michel Vega, de la agencia americana William Morris, refiriéndose al último hito del artista madrileño: “En su última gira hizo más de quince conciertos en Estados Unidos y tocó en la sede de la orquesta sinfónica nacional de Estados Unidos en Washington. Eso es algo que casi ningún latino ha hecho, diría que ningún español”. A partir de este primer paso, gestado ya en pleno siglo XXI, le está siguiendo una nueva generación de músicos post-OT menos acobardada por la distancia geográfica e idiomática de los mercados internacionales. Nombres tan heterogéneos como Delorean, El Guincho, Russian Red o Antonio Orozco han empezado a enfocar sus carreras desde un prisma mucho más amplio. El cantautor barcelonés ha sido en 2011 el telonero de Juanes durante la gira norteamericana del músico colombiano, sumando a su currículum 17 conciertos en suelo estadounidense. En el caso de Lourdes Hernández, álter ego de Russian Red, su apuesta americana le llevó a estrenar el directo de su último disco en el South by Southwest de Austin. La mezcolanza trópico-electrónica de El Guincho le ha llevado a producir parte del último disco de la islandesa Björk tras varios años destacando en el mercado anglosajón, con aplausos encendidos desde el referente portal de música independiente Pitchfork. Un caso parecido fue el de la banda guipuzcoana Delorean, que a finales de 2010 agotó elogios en la prensa internacional sin que España conociera prácticamente su sonido electrónico. Keina García, fundadora de Artica y mánager del grupo vasco desde finales de 2005, apunta a un cambio de mentalidad para explicar este asalto a los mercados tradicionalmente vetados. “Tengo la sensación de que la nueva generación de promotores y mánagers, por una cuestión de edad y de momento, sentimos más la necesidad de atacar estos mercados. Es cuestión de ir sin prejuicios ni complejos. ¿Acaso no somos igual de válidos que los americanos, los ingleses o los suecos? La música es un producto que no tiene más barreras que las que tú te pongas”, reivindica García. Desde esta premisa intelectual y con las facilidades de comunicación nacidas en la última década –“a Internet le debemos buena parte de la explicación”, asume García–, su grupo de cabecera, Delorean, suma ya siete giras en Estados Unidos desde que telonearan a Miike Snow en 2010 y Pitchfork subiera el álbum Subiza al pedestal de su lista de los mejores 50 discos del año. A partir de ahí, el cuarteto se ha dejado ver en directo en China, Japón, Australia, México, Holanda, Alemania, Inglaterra, Turquía y Suecia. “El crecimiento ha sido enorme, incluso inesperado”, reconoce García, “pero hay un trabajo y una inversión detrás muy, muy grande”. ¿Hay fórmula? ¿Hay receta para hacer las Américas? “En el modelo americano una norma básica es que jamás entras solo: hay que empezar de telonero”, explica la directora de Artica. Más allá, se recomienda persistencia y dinero. En el caso de Delorean, la primera gira como teloneros y la segunda por su cuenta, en la que dieron 28 conciertos en 31 días de carretera por Estados Unidos, todo fue a fondo perdido, estricta inversión. Michel Vega, gato viejo en el mercado americano, coincide en la necesidad de persistir. “Muy pocos artistas españoles han entendido lo enorme que es Estados Unidos. No puedes pretender conquistar el mercado con siete fechas en quince días”. Tampoco vale contentarse con las tres ciudades habituales, Nueva York, Los Ángeles y Miami. “Una buena estrategia de entrada pasa por estos mercados naturales, pero solo como punto de partida. Cuando estés en Nueva York, búscate un concierto en Boston y otro en Washington; si estás en Los Ángeles, hazte varias ciudades de California. Es el único modo de crecer”. Una segunda exigencia del mercado americano es tener equipo local. Estructuralmente, el mercado estadounidense de la música en vivo exige que cualquier grupo con pretensiones cuente con una persona dedicada al booking, un mánager, un responsable de prensa, etc., mientras que en España, y en Europa en general, las funciones suelen concentrarse en una única figura. “Nosotros hacemos el booking de conciertos en todos los países en los que trabajamos, con la única excepción de Estados Unidos”, cuenta Keina García. Y es que, tras una primera incursión a ciegas en la que aprendieron este abecé, Artica fichó para Delorean a la agencia The Windish, a un responsable de prensa y al sello local FullHouse, pequeño pero especializado en recursos web, que les dio el primer espaldarazo. De ahí a Pitchfork y de Pitchfork al cielo.

Otro requisito a tener en cuenta, por prosaico que parezca, es el inglés. Como recomendaba en una conferencia en el Primavera Pro 2011 el director creativo del South by Southwest (SXSW), Brent Grulke, “que nadie intente meterse en el mercado sin saber hablar inglés”. Más allá de esta condición necesaria, aunque no suficiente, Grulke también señalaba la necesidad de haber tenido éxito en el mercado local del grupo, de estar bregado sobre el escenario. “A partir de aquí, hay que contar aproximadamente con una inversión de lo que suponen 12 a 18 meses de gastos en Estados Unidos y plantearlo como una estrategia a largo plazo”, receta Grulke antes de enfatizar en la necesidad de contar con un agente local. “¿Y los festivales son buena puerta de entrada?”, le preguntaron durante la conferencia. “Desde luego, es la mejor vía de entrada, pero cuidado, ve a un festival, aprende cómo funciona y vuelve al año siguiente habiendo hecho el trabajo previo, sabiendo a quién tienes que invitar a tu showcase”. Le acompañaba en la tesis Brian Hetherman, de la Canadian Music Week: “Maximiza tu exposición y con suerte tendrás un mánager o un sello que te vea”. Y focaliza tu objetivo, añadía Carey Curtin, de Bedlam Music Management: “Entérate bien de quién es tu target y ve a por él. No dispares correos electrónicos a todo el mundo. Que nadie vuelva a hacer un mailing masivo. ¡No hay nada más inútil!”.

Sounds from Spain

Y si el do it yourself hasta aquí propuesto no es suficiente, también hay la alternativa de salir a los mercados internacionales auspiciado por la plataforma Sounds From Spain (SFS). Dedicada al fomento de la exportación de las empresas españolas vinculadas al mundo de la música y dependiente del Instituto de Comercio Exterior (ICEX), SFS ha sido desde su fundación en 2005 uno de los agentes más proactivos a la hora de echar una mano a grupos españoles con ambiciones internacionales. “Apoyamos a todo tipo de empresas vinculadas con la música y, en el terreno del directo, trabajamos ayudando a los grupos españoles a salir a través de dos vías: por un lado, a través de ferias internacionales del sector como el South by Southwest (SXSW) o el Womed y, por otro lado, a través de misiones comerciales específicas a países como México o Japón”. Quien habla como si de exportar lapiceros se tratara es Juan Miguel Márquez, director de promoción de servicios del ICEX. El planteamiento es el mismo que en cualquier otra industria: acercar el producto a los compradores extranjeros potenciales a través de los lugares de encuentro del sector. Tres son las citas obligadas: el Midem de Cannes, en Francia; el Womex, hasta 2011 en Copenhague y a partir de este año en Salónica; y, por encima de todos con insultante hegemonía, el South by Southwest de Austin, en Estados Unidos. Exportar música en directo pasa por estos focos, especialmente la capital tejana, donde cada mes de marzo se reúne la socialite del directo mundial. The place to be. Y es el lugar donde más intensamente acude SFS con grupos españoles a los que costea, aproximadamente, y en función de cada caso, la mitad de la inversión, unos 1.000 euros por persona con un tope de 5.000 por grupo. Desde 2009 han paseado por la cita americana a grupos consolidados en nuestro país como SFDK, Nacho Vegas, Amaral o Los Planetas, acompañados de recién llegados a la fama musical como La Habitación Roja, Mujeres o The Right Ons. Durante la feria, la ciudad de Austin al completo se convierte en un showcase de grupos venidos de todo el mundo para tocar, e impresionar, a mánagers, agentes y promotores también llegados de todos los rincones. ¿Los resultados? ¿Tenemos cifras de retorno? “Cifras no hay”, responde Márquez, “pero sí sabemos que hay un retorno. El año pasado [en 2010] Las Migas cerraron giras por todo el mundo cuando estuvieron con nosotros en el Womex. Amaral también nos contó que cerraron muchos conciertos en el SXSW. Lo que es muy importante para que funcione es contar con una empresa de promoción local, algo bastante básico, porque si no, te vienes, das un concierto y te vuelves sin que nadie te haya movido”. Miguel Ángel García-Garrido, mánager de Russian Red, considera que ir de la mano de SFS permite, en un contexto tan mastodóntico como el SXSW, “que los conciertos que se programan dentro de la plataforma realmente llamen la atención y concentremos a todos los contactos que necesitamos”. The Right Ons, un purísimo garage band de origen madrileño con disco desde 2007, es otro de los grupos que apareció en la escena norteamericana a través de estas ferias/festivales de sector: desde su primera presencia en el SXSW en 2008 han despegado internacionalmente, con todas las comillas que exige el verbo. Fer Delgado, jefe de prensa y co-mánager con David Jiménez, explica que siempre plantearon el crecimiento del grupo con la vista puesta más allá de nuestras fronteras y con este tipo de encuentros como puerta de entrada principal. “Fuimos al SXSW con The Right Ons en 2008 a ver de qué iba el asunto y tuvimos la suerte de que varios amigos de bandas y mánagers estadounidenses vinieron a ver el show. Inmediatamente no ocurrió gran cosa pero unos meses más tarde, tras el verano, la banda de Eli Paperboy nos conectó con Ed Valauskas de Q Division Studios y en el SXSW de 2009, al repetir visita a Austin, nos abrieron su estudio en Boston, grabamos el segundo disco y cerramos una licencia simple con ellos para distribuirlo en Estados Unidos. También completamos el tour yendo luego a tocar a Toronto”. Desde entonces, el grupo ha pasado por Japón en 2010, ha girado por Reino Unido y la Costa Este americana en 2009, con paradas en New York, Baltimore y Boston. Los escenarios que han pisado demuestran al menos voluntad: “Hemos tocado en pizzerías y reuniones de moteros en Estados Unidos. La única forma de avanzar fuera es tocar donde te llamen y llamar a todas las puertas posibles. A veces cuesta dinero tocar y otras te pagan bien, pero hay que hacerlo en todos los casos y dejar huella en el público, ser muy profesional, cumplir horarios y tratar bien a los equipos para que el promotor te quiera de nuevo el año que viene con un camerino mejor y por más dinero”. No hay mucho más misterio.

Go East

En cuanto al exótico viaje a Japón mencionado más arriba, responde a la segunda vía exportadora propuesta por Sounds From Spain: las misiones comerciales en las que varios grupos españoles salen de gira promocional para ponerse en el escaparate. Recoge Márquez la explicación: “Por ejemplo, los dos últimos años hemos ido a México DF, vinieron Los Planetas y Christina Rosenvinge el primer año, Alondra Bentley y La Habitación Roja el segundo. ¿En qué consiste? Pues en dar conciertos, nosotros sencillamente ponemos los medios como para cualquier otra empresa de otro sector. Y algunos grupos han conseguido resultados importantes: por ejemplo, a Los Planetas les salió una gira en México a raíz de la misión comercial”. En el caso de Japón, SFS organizó en 2010 una gira con Gentle Music Men, Boat Beam, No Way Out y los propios The Right Ons. En 2011, la experiencia se repitió con Annie B Sweet, Pájaro Sunrise, Polock y Russian Red. “Procuramos ir a mercados donde normalmente no se va y la intención es ir ofreciendo cada vez un poco más a los artistas, nuevos mercados. Por ejemplo, en 2012 como novedad estaremos en la Canadian Music Week de Toronto”, cierra Márquez. García-Garrido, de Gigntik Music, acompañó a Lourdes Hernández con motivo de la gira asiática, donde constató el potencial del mercado japonés. “El público está muy agradecido de que vayamos a trabajar allí, se nota mucho en la afluencia de público a los conciertos y en la atención de los medios. Esa es la parte buena de que no se haya hecho antes. La barrera es que, por la misma razón, puede que cueste que entiendan las propuestas”. En cualquier caso, el espíritu es abrir la veda y la predisposición de los músicos y de sus mánagers es la del cruzado evangelizador de la (nueva) música española. “Cada vez nos estamos profesionalizando más, nuestros artistas son más competitivos y se están quitando de encima ciertos complejos”, cierra García-Garrido. “Esto ayuda a que llamemos la atención y que muy pronto ‘nos pongamos de moda’ para que España sea un lugar de referencia dentro de escenas diferentes a la folclórica”. 

Porque siempre estáis ahí, por Joan S. Luna

Corren tiempos de crisis. Tiempos para lamentarse de que las cosas no andan bien, de que el dinero escasea y apenas pasa de mano en mano. Pero aquí estamos nosotros, profesionales del mundo de la música en sus distintas variantes, a un lado del escenario y a otro, entendiendo que nada está perdido, que sencillamente ha llegado el momento de coger al toro por los cuernos y de luchar como nunca antes se ha luchado. Nos cuentan que la economía anda maltrecha, y eso es evidente, pero podemos estar contentos de estar dónde estamos. Pocos son ya los artistas internacionales que no pasan por nuestro país para presentarle sus canciones al público español, pocos son los grupos nacionales que no andan arriba y abajo de nuestra geografía para que la gente disfrute con su música y pocos son los extranjeros aficionados a la música que no hayan oído hablar de nuestros grandes festivales. Aunque todo ello no es fruto de la casualidad, sino del cada día más meditado trabajo de nuestros promotores musicales, vosotros, los que justificáis y dais razón de ser a este anuario que repasa lo malo, lo bueno y lo mejor de una temporada que queda atrás, sin dejar escombros, que deja más bien cimientos sobre los que levantar con más ímpetu lo que vendrá por delante.

Y no consideréis este texto una alabanza gratuita y benévola, sin más motivo que alimentar los egos de cada uno de los que hacen de la planificación, la organización y la ejecución de conciertos una profesión y prácticamente una forma de vida. Para nada. Estas líneas son un merecidísimo voto de confianza para un sector profesional que, tras ganar la batalla a la competencia desleal de las instituciones que programaban conciertos gratuitos en tiempos de vacas gordas, quizás pueda ser el que más gane, sí, pero también el que más arriesga. Porque los promotores musicales de este país aprendisteis a ser lo que sois –y perdonen la expresión– a base de hostias, pero dicen que la letra con sangre entra. Y gracias a ello habéis aprendido. Y mucho.

Son ya doce años de trabajar codo con codo en la Asociación de Promotores Musicales, de hacer de la competencia un pacto entre caballeros, de aprender de los demás y con los demás. Doce años a lo largo de los cuales todos, periodistas, músicos, mánagers y promotores, hemos aprendido que ser profesionales no es hacer de esto un despiadado circo romano, sino sacarle el máximo partido a las piernas y, sobre todo, a la cabeza en esta larga marcha en la que todos estamos metidos, en este maratón en el que lo importante nunca será ganar, sino participar y compartir. Porque sí, son ya doce años. Doce años más viejos, más sabios, pero sobre todo más profesionales.

Joan S. Luna
Director editorial del Anuario de la Música en Vivo 2012
Redactor Jefe de MondoSonoro

Esta noche hay concierto, por Pascual Egea


Este año, la fotografía de la música en directo tiene muchos matices, muchas opiniones y muchas divergencias sobre cómo va la industria. El año que dejamos atrás ha sido duro. Sus cifras son de difícil digestión, pero ha dejado detalles para la esperanza. Los promotores y los artistas nos hemos puesto a trabajar, hemos superado adversidades económicas y emocionales, cambiando el discurso pesimista que regía la industria durante los últimos años. Un vistazo al 2011 desde el backstage de la música en directo nos deja la sensación de que la selección natural está haciendo su trabajo y de que se ha asumido que los tiempos pasados no volverán.

Esta tercera edición del Anuario de la Música en Vivo es un reflejo del optimismo que necesitamos para seguir creciendo incluso con el viento en contra. El primer paso para conseguirlo será sentar unas bases legales y morales que ayuden a la evolución de nuestro sector. Este es el propósito del decálogo para la competitividad de la música en vivo en España que firma la Asociación de Promotores Musicales (APM) en representación de todos los promotores del sector y que es fruto de la experiencia, de la comparación de modelos de éxito y de las opiniones y las reflexiones de los actores de la música en vivo de nuestro país. En este sentido, exijamos convertir a las instituciones en facilitadores, en lugar de que sean nuestros competidores. Necesitamos terminar definitivamente con los conciertos gratuitos financiados íntegramente con dinero público. Necesitamos una nueva ley de mecenazgo que estimule la participación empresarial en la cultura. Necesitamos que se regule la entrada de los menores a las salas de conciertos. Necesitamos la colaboración de las entidades de gestión y la ayuda de los gobiernos para cimentar el salto cualitativo de nuestra música. Necesitamos mucho, y más, para permitir que esta industria ofrezca al público el rendimiento cultural y económico del que es capaz.

Estamos camino de darle la vuelta a la industria musical entre todos y ya se han dado los primeros pasos. Queda mucho por andar, especialmente para combatir el intrusismo y la falta de profesionalidad y de respeto hacia nuestro sector, pero las buenas señales abundan. Desde la Asociación de Promotores Musicales queremos reforzar un mensaje de juego limpio y de respeto a la profesión como condición para formar parte de este negocio. Ha de terminar la tolerancia con quien no cumple las reglas e ignora las condiciones legales y profesionales exigidas. Por el bien de todos, hemos de trazar una línea que deje fuera de la industria a quien ignore estas reglas.

Más allá de la batalla por defender nuestra industria, 2011 ha sido también el año para volver a crecer buscando nuevas líneas de trabajo. Las bandas españolas, de la mano de sus mánagers y promotores, se están lanzando cada vez más a los mercados internacionales, apostando por destinos tradicionalmente difíciles como Estados Unidos, Europa o el mercado asiático. En cuanto a la atracción de talento a nuestros escenarios, seguimos contando con los mejores para llenar nuestros recintos a pesar de los rigores económicos. Y es que, más allá de nuestras demandas y necesidades, lo que nos hará renacer de nuestras cenizas será el empeño, íntimo, frívolo, personal e intransferible, en que esta noche haya un concierto más en cada ciudad.

Pascual Egea
Presidente de la Asociación de Promotores Musicales

Un impulso al talento en vivo, por José Maria Lassalle

Asistir a un concierto resulta siempre un acontecimiento, una experiencia única e inmediata de la que todos aprendemos algo. Quienes concebimos el directo como una forma necesaria e inimitable para el disfrute de la música, sabemos del enorme esfuerzo logístico y humano que existe detrás de cualquier manifestación artística del género. Sabemos que vosotros, los promotores, sois una figura fundamental a la hora de levantar el inmenso entramado técnico y de personas que hay detrás de cada espectáculo. Sois vosotros quienes, con vuestra iniciativa y pasión, y poniendo muchas veces en juego vuestro riesgo empresarial, hacéis posibles tantas y tantas noches de música.

A través de Asociación de Promotores Musicales habéis fortalecido el tejido de esta industria cultural. Vuestro papel ha sido decisivo y vuestro esfuerzo, aliento e iniciativa han contribuido tanto al impulso de la creación artística como a potenciar la actividad económica del sector y con ella la de todo el país.

Desde la Secretaría de Estado de Cultura compartimos este doble objetivo: el apoyo al talento emergente y la voluntad, ahora más que nunca, de potenciar la música en vivo en España como parte de nuestro patrimonio cultural. Por este motivo, el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música tiene la voluntad de seguir promoviendo el circuito estatal Girando por Salas en apoyo a la creación actual, en concreto a la gira de artistas y específicamente para salas y recintos de programación estable de música en vivo de todo el Estado. Un circuito que en esta edición ha generado más de 300 conciertos de rock, pop, jazz, folk, entre otros géneros, en cerca de 200 salas de toda nuestra geografía.

Es un proyecto con el que pretendemos hacer más sólido y estable el sector a la vez que mejorar el nivel de profesionalización de sus protagonistas y que la actividad que genere este circuito revierta en toda la estructura –promotores, agentes, salas, técnicos o transportes– que rodea a esta profesión. El citado circuito cuenta con una financiación de 1,5 millones de euros para el presente ejercicio. Además, creemos que el impulso desde el Ministerio a este tipo de actividades les añade un plus de reconocimiento social. En la línea del reconocimiento que el género merece, nos congratula contar con un Premio Nacional consolidado como el de las Músicas Actuales, que en sus tres primeras ediciones ha sido concedido a Joan Manuel Serrat, al dúo Amaral y al intérprete Santiago Auserón.

Para terminar, quiero trasladaros nuestra enhorabuena por vuestro trabajo y por estos años de unión, que constituyen un verdadero acicate para la profesión.

José María Lassalle
Secretario de Estado de Cultura
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Concierto de Nouvelle Vague en el Palau de la Música durante el Festival del Mil·leniChristophe Quemin, mánager del grupo francés, nos contó sus impresiones del mercado español para el reportaje Pasen, toquen y beban. 
Foto: ROBIN BAIRD

Concierto de Nouvelle Vague en el Palau de la Música durante el Festival del Mil·leni
Christophe Quemin, mánager del grupo francés, nos contó sus impresiones del mercado español para el reportaje Pasen, toquen y beban.

Foto: ROBIN BAIRD

Double door Los grupos españoles Amaral, Maika Makovski y The Right Ons giraron juntos en mayo de 2010 mientras se dirigían por carretera a la feria South by Southwest, que congrega cada año en Austin (Tejas) a los profesionales de la industria del directo de todo el mundo. En la foto, el cartel corresponde al club Double Door, cuando todavía andaban por Chicago.  
Fer Delgado, mánager de The Right Ons, nos contó su experiencia en suelo americano en el reportaje Madrid, Austin, Tokio.

Double door
Los grupos españoles Amaral, Maika Makovski y The Right Ons giraron juntos en mayo de 2010 mientras se dirigían por carretera a la feria South by Southwest, que congrega cada año en Austin (Tejas) a los profesionales de la industria del directo de todo el mundo. En la foto, el cartel corresponde al club Double Door, cuando todavía andaban por Chicago.  

Fer Delgado, mánager de The Right Ons, nos contó su experiencia en suelo americano en el reportaje Madrid, Austin, Tokio.

Créditos

  • Director editorial: Joan S. Luna
  • Concepción y producción ejecutiva: Pauta Media S.L. · Francesc Castanyer · www.pautamedia.com
  • Dirección de arte, diseño y maquetación: Eixida · Xavier Grau y Mariana Castel · www.eixida.cat
  • Jefe de redacción: Xavier Orri
  • Redactores: Alba G. Laguna, Víctor Lenore, Teresa Vallbona, VÍctor Solvas
  • Fotografía: Juanlu Vela y archivo APM
  • Distribuidora: Tengo Un Trato S.L. www.tengountrato.com
  • Edición: Estela Sanz
  • FEBRERO 2012

Contacto

Asociación de Promotores Musicales
secretaria@apmusicales.com

Prensa
apm@pautamedia.com


La Asociación de Promotores Musicales de España (APM) edita desde  2010 el  Anuario de la Música en Vivo en el que se repasa lo ocurrido en la industria del directo durante el  último año.
La Asociación de Promotores Musicales fue fundada en el año 2000 por trece de las promotoras más relevantes del mercado: Doctor Music, CP Jazz, The Project, RLM, Gamerco, Planet Events, Cap-Cap, Encore Music, Get In, Producciones Animadas, Iguapop, Música étnica, Zusup y Pino Sagliocco Production.
Desde entonces, la institución ha ido creciendo en número y presencia mediática, alcanzando merecida condición de representante de la industria del directo e interlocutor de referencia de las instituciones públicas en lo que atañe a la música en vivo.
Cuenta actualmente con 44 empresas asociadas que generan conjuntamente alrededor del ochenta por ciento deL volumen de negocio de los conciertos de iniciativa privada en nuestro país.
JUNTA DIRECTIVA
presidente · Pascual Egea vicepresidente · Xavi Manresa vocales · Íñigo Argomaniz, Ana Eusa, Barnaby Harrod
Asociación de Promotores Musicales (APM)Rambla Catalunya, 127, 3º 2ª  08008 Barcelona  www.apmusicales.com

La Asociación de Promotores Musicales de España (APM) edita desde 2010 el Anuario de la Música en Vivo en el que se repasa lo ocurrido en la industria del directo durante el último año.

La Asociación de Promotores Musicales fue fundada en el año 2000 por trece de las promotoras más relevantes del mercado: Doctor Music, CP Jazz, The Project, RLM, Gamerco, Planet Events, Cap-Cap, Encore Music, Get In, Producciones Animadas, Iguapop, Música étnica, Zusup y Pino Sagliocco Production.

Desde entonces, la institución ha ido creciendo en número y presencia mediática, alcanzando merecida condición de representante de la industria del directo e interlocutor de referencia de las instituciones públicas en lo que atañe a la música en vivo.

Cuenta actualmente con 44 empresas asociadas que generan conjuntamente alrededor del ochenta por ciento deL volumen de negocio de los conciertos de iniciativa privada en nuestro país.

JUNTA DIRECTIVA

presidente · Pascual Egea
vicepresidente · Xavi Manresa
vocales · Íñigo Argomaniz, Ana Eusa, Barnaby Harrod

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Rambla Catalunya, 127, 3º 2ª 
08008 Barcelona 
www.apmusicales.com

Porque siempre estáis ahí, por Joan S. Luna
Esta noche hay concierto, por Pascual Egea
Un impulso al talento en vivo, por José Maria Lassalle
Clipping de prensa
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Acerca de Tumblr:

La Asociación de Promotores Musicales de España (APM) edita desde 2010 el Anuario de la Música en Vivo en el que se repasa lo ocurrido en la industria del directo durante el último año.

La Asociación de Promotores Musicales fue fundada en el año 2000 por trece de las promotoras más relevantes del mercado: Doctor Music, CP Jazz, The Project, RLM, Gamerco, Planet Events, Cap-Cap, Encore Music, Get In, Producciones Animadas, Iguapop, Música étnica, Zusup y Pino Sagliocco Production.

Desde entonces, la institución ha ido creciendo en número y presencia mediática, alcanzando merecida condición de representante de la industria del directo e interlocutor de referencia de las instituciones públicas en lo que atañe a la música en vivo.

Cuenta actualmente con 44 empresas asociadas que generan conjuntamente alrededor del ochenta por ciento deL volumen de negocio de los conciertos de iniciativa privada en nuestro país.